Saludo desde Juventud Guevarista a las mujeres trabajadoras y revolucionarias del Mundo

“Dejando a los estudiosos burgueses absortos en el debate de la cuestión de la superioridad de un sexo sobre el otro, o en el peso de los cerebros y en la comparación de la estructura psicológica de hombres y mujeres, los seguidores del materialismo histórico aceptan plenamente las particularidades naturales de cada sexo y demandan sólo que cada persona, sea hombre o mujer, tenga una oportunidad real para su más completa y libre autodeterminación, y la mayor capacidad para el desarrollo y aplicación de todas sus aptitudes naturales. Los seguidores del materialismo histórico rechazan la existencia de una cuestión de la mujer específica separada de la cuestión social general de nuestros días.”

Alexandra Kollontai

El problema de la mujer ha tenido fertilidad en diferentes aspectos del desarrollo político e intelectual en los últimos 150 años, teniendo una penetración importante dentro de las luchas de los explotados y oprimidos del mundo, respecto a la contradicción genérica o sexual. Sin embargo, creemos  que dentro del pensamiento de Marx y Engels[1] es que la cuestión de la mujer logra vislumbrarse en su esencia de manera contundente  y científica (sin desconocer los aportes a la forma durante el proceso de cosificación de la mujer en diferentes ámbitos, por autoras como Simone de Beauvoir o Emma Goldman).

No fue una acepción general en las organizaciones -embrionarias pero en proceso de madurez- del proletariado, sino una tensión constante, y expresión de ello son los recurrentes conflictos al interior de la I Internacional, en la que los sectores marxistas planteaban abiertamente sus diferencias a las concepciones Proudhonianas de que “la mujer tiene que quedarse en la casa”. Estas fueron ganado terreno y posicionándose  lentamente,  traduciéndose en la necesidad del estudio y la incorporación en mayor amplitud de la mujer en la lucha revolucionaria.

Dentro de este proceso, que fue acumulando importantes fuerzas, se comienza a plantear no tan sólo como una  condición o “cuestión de la mujer” (que aun expresaba la contemplación propia de la pseudo-ciencia burguesa), sino que como un quehacer, enfatizando en cómo desarrollar la liberación/emancipación de la mujer.

Como marxistas creemos que la respuesta la podemos encontrar en algunos importantes pasajes de Lenin, quien dijo que “la verdadera libertad de la mujer sólo es posible a través del comunismo…”, y esa frase no se la planteaba a sí mismo, ni a un grupúsculo de dirigentes vulgares, sino que se lo planteaba en reuniones de importantísimo valor histórico e ideológico para la ciencia del proletariado, a una de las mejores revolucionarias del proletariado, Clara Zetkin.

No es azaroso que al pensar en la emancipación de la mujer, reconozcamos  que la revolución socialista de los Soviets de Obreros y Campesinos, fue el primer proceso que logró romper con una tendencia histórica que desde los orígenes de la división del trabajo, el desarrollo de la propiedad privada y la búsqueda de la reproducción (aseguramiento) parental, comenzaba a superar a las lógicas armoniosas –de las formaciones sociales primitivas- en que las comunidades valorizaban tanto al hombre como a la mujer en su trabajo. Incluso en unas determinadas fases de estas formaciones sociales concretas se llegó a tener a la Mujer como dominante en sus comunidades, producto tanto de su ubicación en el desarrollo productivo (que luego se  va contra posicionando con la especialización de la técnica y el desarrollo de la división del trabajo) y por su ubicación en la crianza, educación de las tribus.

El capitalismo logra profundizar todo este proceso y expresarlo como es su lógica, no solamente en las relaciones productivas, si no que en el ámbito ideológico, social, político y jurídico. De esta forma consigue darle un doble valor al sentido de propiedad (tanto del sujeto, la mujer en sí cosificada en la reproducción domestica del hogar y en su trabajo que ya no pasa como producto social, como mercancía en la circulación de estas, si no como un trabajo individual particular de la familia, que no consigue más que la continua reproducción de estas lógicas patriarcales), pero como Marx lo plantea en el folleto que se le entregaba a los obreros durante los procesos de lucha de clases en Europa, el clásico Manifiesto Comunista, “la burguesía a forjado a sus sepultureros” y podríamos agregarle en este sentido para ser justos con la ciencia, sepultureras.

En este sentido es menester plantearnos un problema bastante básico en los motivos de este 8 de Marzo, ¿que celebramos en el día de la mujer?, muchos dirán si la mujer sigue “doblemente” explotada y oprimida etc., existen injusticias sexuales, virtuales/comunicacionales, no hay nada que celebrar, y mucho por que luchar, consignas ciertas, pero que tienen que ser una expresión no de un odio u frustración/reacción personal, si no que de una praxis revolucionaria concreta y que posicione a la mujer en una lucha que supera y une dialécticamente su propia emancipación, es decir la lucha del proletariado, su papel histórico en la destrucción del andamiaje que ha profundizado la dominación de la mujer y la ha sofisticado, el capitalismo. Este ultimo también logra desarrollar la contradicción principal del problema de la mujer- en la cual nosotros sin titubear combatimos las posiciones posmodernas que rondan en muchas organizaciones que se autodenominan como feministas- que es la de todo el conjunto de la clase obrera, la contradicción capital-trabajo. Esa es la esencia que nos entrega el anárquico y cíclico capitalismo, en su forma podemos encontrar las diferentes expresiones en que se reproduce el patriarcado en la totalidad de nuestra vida social y material. Sin embargo su contradicción principal pasa por lograr desentrañar el papel histórico de la mujer, y como en el capitalismo comienza a encontrar la espada de su liberación. La incorporación de esta al paraíso de la libertad mercantil, la venta de su fuerza de trabajo (que incluso aquí adquiere características patriarcales, fermento del desarrollo social que tiene su barrera y su destrucción en la sociedad socialista y en el comunismo), logra superar la vulgar y burguesa manifestación de una contradicción entre el hombre y la mujer (que no significa considerar las particularidades de cada uno).

Esta ubicación del problema, nos lleva a plantearnos y replantearnos diferentes situaciones. Por una parte un cuestionamiento profundo a las organizaciones que vulgarizan el marxismo y la importancia de Lenin en la lucha por la emancipación de la mujer, y tildando con un constante desdén a nuestra ciencia, como machista. Siendo que la historia, amiga testaruda, nos enseña por una parte y por mencionar algún que otro momento histórico, que la primera mujer en tener un cargo político, no fue una burguesa producto de las reformas al interior del aparato burgués (expresada en la incorporación al voto de esta), si no una camarada bolchevique de vanguardia Alexandra Kollontai. En Nuestra América, ejemplo también existen, es preciso recordar a las compañeras Celia Sánchez, Vilma Espín y Haydee Santamaría, quienes tuvieron destacados roles en el desarrollo político tanto del M26J, del PSURC y del PCC, precisamente en la revolución Cubana. Siguiendo este punto, en Chile es fundamental recordar la importancia de compañeras que dejaron sus vidas en la lucha por el Socialismo como Gladys Díaz y Lumi Videla, ambas miembro en algún momento del Comité Central del MIR chileno. Marta Zabaleta compañera fundadora del primer Frente de Mujeres Revolucionarias en Chile, frente que estuvo encargado durante la Unidad Popular de desarrollar tareas de formación sobre la cuestión femenina y promover la importancia de esta lucha en distintos espacios como universidades, sindicatos, fabricas estatizadas, entre otros.

Por tanto es una crítica a-histórica, vulgar y pequeñoburguesa el no plantear que al interior del marxismo, de la lucha del proletariado, de la lucha de clases, es que el problema de la mujer encuentra y ha encontrado su emancipación definitiva o por lo menos el faro que alumbra tal  importante proceso.

Es un deber para nosotros recordar a los cientos de compañeras, pobladoras, trabajadoras, estudiantes que incansablemente lucharon contra la dictadura militar, y que durante los últimos 100 años de historia en Chile han sido un ejemplo para la lucha que damos todos/as los/as revolucionarios/as. Y es una necesidad de carácter histórico manifestar que hoy no se celebra a cualquier mujer del mundo, hoy celebramos el día de la mujer trabajadora[2], y este día se enmarca en el desarrollo de la lucha de clases en todos los confines del planeta.

No camaradas, no celebramos a las mujeres burguesas, no celebramos el día de la mujer canon de belleza, no celebramos a la mujer sumisa en nombre de la teología, ni a la mujer sumisa en el espectáculo de luces del burgués, celebramos a la mujer trabajadora, a las camaradas proletarias, a las camaradas revolucionarias.

Es por esto que a la hora de plantearnos una política para la emancipación de la mujer, estudiando todas las formas en que se expresa la explotación y la dominación de esta (analizando las contradicciones principales, secundarias etc.[3]) ubicamos y creemos que esta pasa, al interior del conjunto de las fuerzas del movimiento de masas, en la lucha por el socialismo como horizonte estratégico, en la construcción de fuerza social revolucionaria, y que su conquista será y así lo demuestra la revolución soviética, la revolución cubana y el desarrollo al interior de las organizaciones del proletariado (lejanas a todo vicio rezagado y expresión del excremento ideológico estalinista y revisionista que nos heredaron) producto de la lucha por el socialismo, y la instauración del comunismo. Así lo describió Lenin: “Los derechos y las regulaciones sociales que exigimos para las mujeres del mundo del espectáculo de la sociedad burguesa que entendemos la posición y los intereses de las mujeres, y tendrá la consideración de ellos bajo la dictadura del proletariado. No, por supuesto, como los reformistas hacen, adormecer a la inacción y mantenerlos en las cadenas principales. No, por supuesto que no. Sino como revolucionarios que llaman a la mujer a trabajar de igual a igual en la transformación de la vieja economía y la ideología”

Por eso como Juventud Guevarista, nos llena de orgullo y honor saludar a todas las combatientes de las filas del proletariado internacional, a nuestros mejores cuadros, en el que no nos puede faltar una Rosa Luxemburgo, Tamara Bunke, Araceli Romo, Cecilia Magni, Ana María Villarroel, Lydia Doce, Clodomira Acosta, es decir, compañeras que encontraron en la lucha revolucionaria por el socialismo, el proceso de su liberación definitiva, no en el feminismo, ni en posiciones burguesas y posmodernas, si no en la lucha de clases, en el marxismo-leninismo.



[1] Recordar que el importantísimo texto de Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado- obra que sintetiza y logra captar desde la perspectiva del Materialismo Histórico el desarrollo histórico y dialectico de la contraposición de la mujer y su subsunción en el modo capitalista de producción- se basó y reprodujo apuntes y notas de Marx que este no alcanzo por su muerte a finalizar ni sistematizar. Podemos encontrar bosquejos de este análisis en los primeros pasajes de la Ideología Alemana.

[2] Elección que viene de la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, dirigidas por la marxista alemana, fundadora junto a Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht entre otros de la Liga Espartaquista (futuro Partido Comunista de Alemania) , Clara Zetkin.

[3] Es de un valor muy alto, un cruce de cartas entre Lenin y la dirigente bolchevique Inessa Armand en el que este le plantea pese a lo necesario de considerar los problemas sexuales, estas son expresión del pensamiento burgués, y no son parte de la lucha del proletariado, y es importante que todas esas formas de explotación y de usufructo de la esencia de la mujer sean puestas como tareas indisolubles de la lucha por el comunismo, pero que en este sentido para la mujer, no es el problema sexual, ni el matrimonio la contradicción principal, si no que al igual que sus compañeros revolucionarios, los problemas son el desarrollo del capitalismo, el derrocamiento de este, el problema del Estado, del desarrollo desigual etc.

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