Presentación Octubre Revolucionario en Santiago

El presente documento corresponde a la presentación que realizó la Coordinadora del Octubre Revolucionario para dar inicio en Santiago a la semana de actividades que conmemoraron la revolución Rusa de octubre de 1917 y la muerte en combate de Miguel Enríquez y el Cmdte. Ernesto Che Guevara.

 

 

Compañeros y compañeras presentes:

                Sin duda, intentar presentar a dos de los más grandes revolucionarios que han vivido en la historia de Nuestra América es un desafío casi imposible, sin embargo intentaremos dar algunos esbozos de su pensamiento y de su acción que a nuestro parecer expresan el pensamiento de la inmensa familia latinoamericana y todos los pueblos explotados y oprimidos del mundo.

                El Comandante Guevara, al igual que Miguel Enríquez, no vivió en carne propia lo peor de la explotación capitalista, no obstante desde muy joven supo hacer suyos los problemas y necesidades de aquel pueblo trabajador, que padecía y padece hasta el día de hoy los sufrimientos propios de un sistema social, de un modo de producción que sólo favorece a la parasitaria clase burguesa. La profesión de médico no fue azarosa, es la manera en que el joven Guevara catalizó su necesidad incontrolable de ayudar a los más débiles.

                Ese joven Ernesto, frente a un corazón inquieto, intrépido y valiente, emprendió -a principios de los años 50’s- un viaje por parte importante de América Latina que marcaría con fuego su voluntad de luchar. Guevara se convenció, sin lugar a dudas, que sólo la lucha revolucionaria podría entregar a todos nuestros pueblos hermanos su derecho al trabajo digno, a la vida, a ser dueños de su propio destino. En este viaje, Guevara decidió que definitivamente entregaría su vida a la emancipación de la clase obrera.

                Los años que siguieron fueron de más viajes por Nuestra América, buscando un horizonte político más avanzado que el que veía en su tierra natal. Estuvo en Bolivia poco tiempo después de la revolución nacional-burguesa liderada por el MNR y estuvo en Guatemala, en los momentos precisos que los yankees derrocaban un gobierno democrático y popular, un gobierno reformista que pretendía hacer unas cuantas reformas “progresistas”. Guevara, al presenciar este hecho brutal, terminó de completar lo que sería la base de su pensamiento político primigenio:

 Las ideas centrales que el Comandante abrigó en esa época fueron:

  1. El socialismo como horizonte programático.
  2. La continentalidad de la lucha revolucionaria.
  3. La lucha armada, guerra de guerrilla, guerra revolucionaria, como forma principal de lucha.

El comandante Guevara jamás abandonó esos principios básicos de su pensamiento, que como decíamos se transformaría en la base de su pensamiento revolucionario, y por qué no decirlo, de lo que hoy denominamos como guevarismo. Más adelante desarrollaría con mayor profundidad y sofisticación su pensamiento, en los marcos del marxismo, pero en franca oposición al dogmatismo soviético que dominaba la URSS desde los años 30’s.

El resto es historia conocida, Guevara se transformaría en el Che, entrenaría junto a los exiliados cubanos en México tácticas y técnicas de combate guerrillero, se embarcaría en el Granma y posteriormente se desarrollaría la guerra revolucionaria, la guerra de guerrillas desde la Sierra Maestra al mando de Fidel Castro.

  El Che destacaría como combatiente pero sobre todo como líder, como comandante pero también como marxista. De toda la dirección militar del Ejército Rebelde, el Che sería el hombre mejor preparado en términos teóricos y también el más claro respecto a que no bastaba tan solo con un revolución a medias, una revolución democrático burguesa o nacional popular. La revolución debía ser socialista o no ser…

Desde aquella trinchera ideológica  -la de los explotados-, libró una de las batallas ideológicas más importantes que se han dado en los suelos de la América morena. La batalla del socialismo, del comunismo, del marxismo contra todas las otras corrientes y vertientes ideológicas burguesas y pequeñoburguesas que amenazaban la naciente revolución cubana. El liderazgo, la consecuencia y el carisma de los referentes más importantes del Movimiento 26 de Julio, se sumaron a la fuerza de la razón. En la batalla de ideas, librada los dos primeros años de la revolución cubana, triunfo el socialismo y junto a ello, triunfamos todos los trabajadores y trabajadoras del mundo. De ahí en adelante Cuba socialista se transformaría en el faro más reluciente de todo nuestro continente, y el Comandante Guevara uno de sus más grandes símbolos.

Luego de afianzado el triunfo ideológico y la primera derrota del imperialismo yankee en playa Girón, la revolución entró una nueva fase, en la cual nuevamente el Comandante Guevara sería uno de sus más grandes protagonistas, quizás el más grande.

El socialismo soviético había dominado la escena mundial de la izquierda desde el triunfo de Lenin y los bolcheviques en octubre de 1917. Pero la revolución, la URSS, había comenzado un proceso irreversible de descomposición ideológica y moral desde –prácticamente- la muerte de Lenin. La URSS había desarticulado los soviets y los habían reemplazado por una “bruto-cracia” dirigente autoritaria. La economía también había sido deformada, permitiendo y potenciado leyes económicas propias del capitalismo, y peor aún, potenciando el trabajo interesado, el trabajo como medio para adquirir más bienes y servicios personales, y no como forma de des-enajenación, de  emancipación, de auto-superación.

Por lo tanto, el Ministro de Industrias Ernesto Guevara, no se enfrentaba solamente al imperialismo que amenazaba la revolución a diario sino que además al dogma socialista que conducía inevitablemente al retorno del capitalismo, tal como lo anunciará el Che y sucediera tres décadas más tarde.

El Che asumió una posición consecuentemente marxista, consecuentemente comunista. Se dotó con toda la fuerza teoría clásica de Marx y Lenin, y sobre ella construyó propuestas políticas y económicas que hasta el día de hoy deslumbran por su claridad y consecuencia. Nacía el sistema presupuestario de financiamiento como propuesta alternativa a la aplicación de las categorías capitalistas aplicadas en la economía soviética. Nacía del estímulo moral, por sobre el estímulo material que dominaba también en el bloque socialista, y nacía también el trabajo voluntario como expresión de la nueva forma de concebir el trabajo:

–          La silueta imponente del Hombre Nuevo se vislumbraba ya en el horizonte emancipador…

–          El Che luchaba contra la explotación pero también contra la enajenación…

–          El Che comprendía con una profundidad única que el socialismo tenía sentido solo si en él se destruían los viejos valores capitalistas…

De esta manera se completaba la base del pensamiento del Che, la base del pensamiento socialista latinoamericano, la base del pensamiento guevariano:

  1.        El socialismo como horizonte programático.
  2.        La continentalidad de la lucha revolucionaria.
  3.        La lucha armada, guerra de guerrilla, guerra revolucionaria, como forma principal de lucha.
  4.        El sistema presupuestario de financiamiento como modelo de organización y producción socialista.
  5.        El hombre nuevo como base ética y moral del ser humano socialista, del ser humano integral.

El Comandante Guevara, consecuente en cada acción, emprendió nuevamente la lucha revolucionaria.  Convencido que la revolución socialista ya estaba estabilizada y que su presencia –un cuanto molesta para algunos escuálidos de todo cuño- no era necesaria en la isla, se embarcó nuevamente en la lucha armada, ahora en África. El Che estaba convencido de que todos los países del tercer mundo debían desarrollar una lucha feroz contra los últimos vestigios de colonialismo en todo el mundo, en especial África, y que esa lucha sólo podía ser llevada adelante por un pueblo convencido de su propia fuerza, de su propia capacidad. Las burguesías nacionales progresistas, aquella fantasía que había nacido de unas cuantas cabezas cuadradas de la Internacional Comunista, no existían en ninguna parte del mundo. Por tanto, la lucha solo podía ser asumida por la propia clase obrera (agrícola o urbana), y que esa lucha debía ser contra las burguesías falsamente denominadas “nacionales” y por la constitución del socialismo.

Sin bien la empresa africana fracasó momentáneamente en esa época –por razones que no expondremos acá-, a la larga esos mismos pueblos que habían cobijado a Guevara triunfaron contra el imperialismo y –además- contra el racismo del aperheid.

Guevara partiría a Bolivia, pero antes, en sus notas de Praga, nos entregaría uno de los aportes más importantes que realizó el comandante. Tomó el Manual de Economía-Política de la URSS, y sobre el escribió sus críticas y comentarios, notas que permanecieron ocultas por más de treinta años y que pese lo incompleto –eran solo notas- posee una riqueza inigualable para la proyecto socialista. Sus críticas al ladrillo de la URSS –así lo llamaba Guevara- deben ser estudiadas con profundidad por todos los revolucionarios del mundo, especialmente en aquellos países que se ubican en fases mucho más avanzadas de la lucha revolucionaria.

Luego el Comandante partió a Bolivia, al corazón de América. Este país altiplánico, de extensas selvas y que se conecta con innumerables países, estaba destinado a ser el centro operativo del plan continental de lucha armada del Che, de la Revolución Latinoamericana. El Che, en Bolivia, fue traicionado. Y si a esa traición se le suma el descubrimiento de la base de entrenamiento guerrillero, el resultado no podía ser distinto que el finalmente resultante.

Sin duda el proyecto de Guevara quedaría inconcluso y junto a su muerte se abría un vacío en la historia que hasta el día de hoy no ha sido llenado por ningún otro revolucionario del mundo. El Che se elevó tan alto como su pensamiento, pero totalmente aterrizado como su ética. Otra generación de revolucionarios re-tomaría su legado, su programa socialista, su estrategia de poder, su visón ético-moral del hombre nuevo y sobre todo: su ejemplo.

La expresión más alta de esta nueva generación de revolucionarios -que florecieron por toda Nuestra América,- en Chile se llamó Miguel Enríquez. Y su expresión orgánica se llamó: Movimiento de Izquierda Revolucionaria – MIR.

Miguel nace en un hogar acomodado, pero profundamente politizado y de importantes raíces en la izquierda. Desde adolescente Miguel se involucró en política, comenzó a militar siendo secundario en la juventud socialista.

Luego del triunfo cubano y la extensión de una efervescencia revolucionaria por todo el continente, en Chile comienzan los primeros pasos de una izquierda revolucionaria, crítica de las viejas estrategias y tácticas del reformismo. Miguel, junto a los suyos, luego del fracaso del Frente Popular chileno en las elecciones de 1964, se escindiría de la juventud socialista formando una nueva organización de base marxista-leninista y de inspiración cubana. Nacía la Vanguardia Revolucionaria Marxista.

Hacia 1965 se lograba reunir a una serie de grupos políticos provenientes de distinta matriz, pero que tenían en común la lucha contra el reformismo. En agosto de 1965 se formaría el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, donde serían aprobadas las tesis político-militares presentadas por Miguel, y que más tarde se convertirían en la base de la estrategia revolucionaria del MIR.  Miguel fue electo para el Comité Central con tan solo 21 años de edad

Durante 1967 se realizó el tercer congreso del MIR. Este congreso tendría especial significación ya que sería donde se consolidaría el liderazgo de Miguel y su grupo de jóvenes compañeros. Miguel, con 23 años de edad, es electo Secretario General del MIR.

En los años siguientes se producirían cambios importantes dentro de la estructura mirista. Los jóvenes líderes del MIR impulsarían con absoluta seguridad la necesidad de desarrollar acciones armadas contra el gobierno burgués de Frei. Lo últimos años del gobierno demócrata cristiano estuvieron marcados –para el MIR- por la clandestinidad, y por el desarrollo de acciones armadas de pequeña envergadura. Las primeras acciones armadas –expropiaciones a bancos- fueron lideradas por el propio Miguel.

 El triunfo en 1970 de Allende plantearía para el MIR y Miguel nuevos desafíos. Miguel plantea, ante el gobierno reformista de Allende, la necesidad de radicalizar la lucha de masas y profundizar las reformas de orientación socialista del gobierno popular, al mismo tiempo que se preparaban las condiciones técnicas para el golpe militar que se venía gestando desde antes del triunfo de Allende.

El MIR desarrollaría la formación de los frentes intermedios de masas como instrumentos de organización política revolucionaria al interior del movimiento de masas. Los frentes tenían como objetivo luchar por la conducción del movimiento de masas contra el reformismo y educar, en el mismo ejercicio, a la clase en la movilización radical, bajo la orientación de una estrategia revolucionaria y un programa socialista.

Hacia octubre de 1972 se realiza el paro de los patrones. Un intento desesperado por sabotear económicamente el gobierno popular por parte de las clases dominantes. Ante esa situación, el MIR y Miguel responden haciendo un llamado amplio a los obreros, campesinos, pobladores y estudiantes, a tomarse sus espacios de trabajo y producción, y hacerlos producir.  Este fenómeno de apropiación de los medios de producción, de control territorial y de democracia directa, se le denominó como poder popular. El poder popular era la materialización de los soviets en Chile. Nacían los Cordones Industriales, los Consejos Campesinos, los Comandos Comunales de trabajadores, como medio para responder a la ofensiva patronal. La clase explotada comenzó a dualizar el poder y el Estado pasó a ser una muralla a la cual había que –necesariamente- derribar para poder triunfar.

El MIR y Miguel analizan la situación de manera certera. Definían con claridad que en Chile se vivía una situación pre-revolucionaria con dualización de poder, y donde las únicas salidas posibles eran la revolución socialista o la contra-revolución burguesa.

En este periodo, el más rico en cuanto a lucha y movilización en la historia de nuestro país, el MIR desarrollaría sus aportes teóricos y políticos más importantes, que hasta el día de hoy son de gran utilidad:

  1. La teoría del poder popular, como forma de auto-organización política de las clases explotadas para combatir el Estado burgués.
  2. La teoría de la fuerza social revolucionaria, como expresión del máximo desarrollo de la consciencia de las clases populares.
  3. Una teoría propia de la estrategia revolucionaria, que sintetizaba lo mejor de las experiencias de lucha reciente en el mundo, principalmente Cuba y Vietnam.
  4. Una definición certera sobre el sistema de partidos, complementaria al desarrollado por Lenin. El MIR distinguiría con claridad la diferencias entre los distintos tipo de reformismo (pequeño burgués y obrero).

Lo anterior se complementaría con las tesis guevarianas sobre (a) la continentalidad de la lucha revolucionaria y (b) la construcción del hombre nuevo. La simbiosis intelectual entre el Che y Miguel es perfecta.

Ante el golpe militar, el MIR no podrá responder con la fuerza militar y de masas que planteaba. Sin embargo, la resistencia heroica de sus militantes y combatientes serviría como ejemplo para las nuevas generaciones de revolucionarios.

Ni Miguel, ni los militantes del MIR se asilarían. Los revolucionarios debían correr la misma suerte que la clase obrera, los campesinos y todo el pueblo trabajador. No podía ser distinto, no podía ser diferente.

Miguel muere trece meses después del golpe militar, muere en combate junto a su fusil, resistiendo, tal como muriese el Che en Bolivia siete años antes. Pero Miguel, con treinta años y con una genialidad e inteligencia sin límites, deja claro cuáles son las tareas fundamentales del MIR y del campo popular:

  1.        Reorganizar el partido en la clandestinidad.
  2.        Reforzar el movimiento de masas.
  3.        Desarrollar propaganda armada, para recuperar la confianza de los trabajadores en su propia fuerza.
  4.        Organizar una fuerte red de trabajo clandestino.
  5.        Constituir las milicias de resistencia popular con todos los sectores movilizados de la clases populares.
  6.        Organizar un gran movimiento de resistencia popular.
  7.        Y construir el ejército revolucionario del pueblo para combatir y derrotar a la dictadura militar.

Miguel caía llevando adelante dichas tareas. En lo sustancial, para el MIR, las tareas no varían prácticamente en nada. El MIR se dedicó durante todos los años siguientes a llevar adelante los planteamientos de Miguel.

Miguel nos dejó un legado teórico y práctico, además de ético que hoy recogemos con orgullo. Ningún proyecto revolucionario se puede construir si no es sobre la base del pensamiento y la acción de Miguel y sus compañeros.

Compañeros, compañeras:

Sobre nuestra inmensa cordillera hay una estrella

Que brilla intensa y clandestina,

Brilla con la fuerza de la historia,

Iluminando fuerte y serena.

 

Es la estrella de Miguel, de nuestro Miguel,

De ese Miguel que no tembló,

Que no dudó…

Que no se rindió…

 

Esa estrella roja y negra,

Que recorre con su mirada fija a toda Nuestra América morena,

Hoy Ilumina nuestro camino con el grito de lucha y victoria

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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