Informe político para Encuentro de la Coordinadora Guevarista Internacionalista.

Informe político para Encuentro de la Coordinadora Guevarista Internacionalista

Juventud Guevarista Chile, enero de 2014

1. Elementos del análisis de coyuntura internacional.

El capitalismo imperialista atraviesa una fase de crisis económica.

                Aproximadamente desde el año 2007 se ha abierto una crisis económica a escala mundial[1], a partir de la creación de burbujas inmobiliarias que conllevaron la formación de burbujas financieras, conocidas como subprime, en los Estados Unidos -EEUU-. Esta es una crisis financiera originada por el desplome de algunos bancos estadounidenses, la cual se ha propagado hacia los mercados mundiales provocando en ciertos casos recesiones económicas de extraordinaria magnitud[2]. Se dice que es la crisis económica a nivel mundial más profunda desde 1929, ambas con epicentro en EEUU[3] y con catastróficas consecuencias sobre economías de otras latitudes.

                Esta es una crisis del capital financiero con carácter monopolista y se presenta en una fase particular del capitalismo imperialista denominada como “neoliberal”[4]. Dicha crisis continúa afectando negativamente el dinamismo de mercados que están creciendo muy por debajo de lo esperado, sobre todo de países que componen la Unión Europea -UE-.

El capitalismo imperialista ha dejado de ser unipolar.

                La presente crisis ha demostrado que si bien el capitalismo es y será un sistema mundial y que el imperialismo se configura como una unidad integrada, ya no presenta un eje de gravitación unipolar con centro en los EEUU -como lo fue durante casi dos décadas, a partir del año 1991[5]-, sino que hoy es evidente que, siendo aún EEUU la primera potencia económica y la nación dirigente del capitalismo imperialista, se constituyen nuevas columnas vertebrales con tremendo poderío industrial, una gran población, un gran territorio, un alto volumen productivo y una magnífica capacidad de crecimiento. Nos estamos refiriendo a la configuración del bloque BRIC[6].

                Las economías de las naciones del BRIC son enormemente pujantes, de las más dinámicas y lideran actualmente los índices de crecimiento mundial, disputando (compartiendo) el control de los mercados mundiales al eje EEUU-UE-Japón[7]. Sin embargo, las economías BRIC no han logrado hasta la fecha producir masivamente tecnología avanzada o de punta, a diferencia de EEUU, Alemania y Japón, lo que las sitúa en una posición de relativa desventaja. Vale explicitar que el BRIC se integra en el sistema capitalista practicando y reproduciendo, al igual que sus competidores, modelos capitalistas con una brutal explotación hacia la clase trabajadora local y mundial.

                Nos interesa enfatizar respecto a lo anterior que la crisis mundial del capitalismo no ha golpeado a todos los mercados de manera homogénea. Efectivamente, las naciones del BRIC -junto con sus respectivas órbitas económicas- no se han visto tan perjudicadas por la debacle financiera como lo han sido los mercados de EEUU, UE, Japón y los países fuertemente dependientes de estos centros económicos. De hecho, ha sido China, el principal prestamistas a EEUU. Este país, además de poseer la clase obrera más numerosa (y explotada) del mundo, ha logrado una tasa de crecimiento sobre un 7% anual, lo que ha permito que el hundimiento mundial del capitalismo no se produzca de forma vertiginosa y brutal.

La única salida de la crisis para la burguesía monopólico-financiera es agudizar las contradicciones de clase.

                Los mecanismos empleados por la burguesía monopolista para sortear la crisis tienen el efecto de agudizar las contradicciones fundamentales en el capitalismo entre capital y trabajo, entre burguesía y proletariado. La burguesía monopólico-financiera pretende conservar sus tasas de ganancia frente a una situación de crisis, cuando ya no puede elevarlas, y todo lo que puede hacer con este fin es extraer mayores volúmenes de plusvalía por medio de la profundización de la explotación de clase. Los métodos de los explotadores son la flexibilización laboral, el aumento de las horas de trabajo y la disminución de los salarios, la tercerización de funciones productivas y la expulsión en grandes cantidades de masas obreras del circuito productivo. En definitiva, la pauperización generalizada de la clase obrera a escala mundial.

Las relaciones entre los Estados de las potencias capitalistas son de carácter cooperacionista.

                Actualmente, a diferencia del largo período de origen y consolidación imperialista que podríamos ubicar aproximadamente entre los años 1890 y 1950, ya no encontramos una configuración capitalista marcada por el conflicto abierto entre las potencias, sino que hoy día estos Estados guardan relaciones de cooperación al interior de los ejes o bloques económicos -en términos de relaciones financieras, tratados diplomáticos, políticas de Estado, etc-, y también entre las naciones de los distintos bloques existen relaciones de franca colaboración y apoyo mutuo, como lo evidencia el hecho que actualmente China soporte una parte importante de la deuda pública -fiscal- de los EEUU.

Pero se instauran ampliadamente relaciones de dominación, opresión y represión en contra de las naciones dependientes.

                Principalmente por parte de EEUU que desde 2001[8] despliega una política abiertamente guerrerista sustentada en la doctrina de Seguridad Nacional. Así, durante la última década el Estado de los EEUU aplasta sistemáticamente a ciertas naciones de Medio Oriente[9], lo cual es aplaudido y secundado por los Estados de Francia y Gran Bretaña -también de políticas fuertemente belicosas y expansionistas-, con el fin de apropiarse de recursos energéticos[10] y hacerse del control de rutas estratégicas para el comercio mundial.

                Mientras tanto, los Estados del BRIC tienen una capacidad de oposición disminuida frente a los embates bélicos norteamericanos y europeos, y en general tampoco presentan interés por iniciar con ellos una relación conflictiva. Los negocios están primero. No obstante, lo cierto es que China e India, las naciones que encabezan el bloque BRIC, han desarrollado hasta la fecha una modalidad de “soft power” -poder blando- hacia las economías dependientes, es decir, propagando su dominio sobre la base de las relaciones comerciales y diplomáticas, y no fundamentalmente sobre la base de la fuerza militar[11].

La hegemonía yankee al interior de los organismos políticos y económicos del capital financiero es prácticamente absoluta.

                Por otro lado, organismos como la ONU -con todas sus subdivisiones-, FMI, BM y OCDE, entre otras, son plataformas que se constituyen como mega-estructuras político-económicas desde donde se ejerce, legitima y consolida la dominación del imperialismo yankee, resguardando todo tipo de medidas que jueguen a su favor y bloqueando, desplazando o suprimiendo cualquiera iniciativa que se perfile como mínimamente amenazante ante sus intereses[12]. Tales organismos revisten una importancia extraordinaria para efectos de blindar y preservar la estructura del capitalismo imperialista.

Existe una tendencia ascendente -aunque desigual- de la movilización de masas a través del orbe.

                El capitalismo a lo ancho y largo del planeta ha provocado una crisis humanitaria y medioambiental sin precedentes, que agrede hasta la muerte a los trabajadores del mundo. Las condiciones objetivas de degradación y pauperización de los medios de vida y de trabajo generan respuestas de las masas trabajadoras en diversas formas de movilización.

                De esta manera, se multiplican a través del mundo los episodios y las coyunturas de movilización obrera, campesina, indígena, estudiantil, de cesantes, endeudados, en una palabra, de lucha de los explotados y oprimidos. Pero en general, y esto es lo que más nos interesa destacar, ha sido limitada la capacidad de los movimientos de masas para posicionarse en confrontación con el modelo capitalista. Nosotros pensamos que la razón fundamental de lo anterior radica en la subjetividad de la clase trabajadora, en una conciencia de clase que no ha logrado alcanzar los niveles de madurez suficiente como para poder plantearse un grado más agudo de confrontación política. El desarrollo de la conciencia para sí, se manifiesta hoy día de manera muy embrionaria en algunos sectores movilizados de la clase obrera mundial.

Resiente la ausencia de una izquierda revolucionaria capaz de orientar política e ideológicamente las luchas de las masas.

                Finalmente, sostenemos que hace falta en la mayor parte del mundo la actuación de una izquierda revolucionaria organizada y unificada que logre enfrentarse al conjunto del régimen capitalista, la socialdemocracia y el reformismo y alterar de este modo la correlación de fuerzas a favor de los intereses de la clase obrera y el pueblo trabajador.

                Creemos que resulta urgente que los revolucionarios del mundo avancemos en la recomposición de una matriz ideológica y de un proyecto revolucionario, acompañado de un diseño político básico que nos permita prolongar la lucha revolucionaria hacia el mediano y largo plazo. Probablemente esta tarea la realicemos con menor dificultad en la región latinoamericana -y quizás también en otras tierras dependientes en el África o el Asia- que en toda la zona europea marcada por largas décadas de tradición “eurocomunista”, donde el estalinismo[13] ocasionó tales niveles de desastre económico y social que la clase obrera ya no quiere oír hablar de marxismo por un buen rato.

2. Elementos del análisis de coyuntura regional.

 

El Estado imperialista de los EEUU realiza todos los esfuerzos para preservar su hegemonía sobre la región latinoamericana.

                El Estado estadounidense emplea todos los medios a su haber para conservar el dominio político, económico y militar sobre Latinoamérica, fiel a una firme tradición colonizadora sobre el centro y el sur que se remonta al menos a un siglo de opresión. El Estado sede del imperialismo[14] no renuncia fácilmente al dominio de sus bases de sustentación en Nuestra América y presiona continuamente por que los Estados implementen políticas librecambistas que sirvan a su favor[15], apoyándose particularmente en México y Colombia -y de forma secundaria en Chile y Perú-. Como se señalaba anteriormente, para conseguir estos fines las clases dominantes estadounidenses se afirman en los organismos de la ONU, la OCDE, el FMI y el BM, entre otros, ejerciendo presión por medio de canales diplomáticos y relaciones comerciales[16].

Sin embargo, los ejes principales de dependencia económica se van trasladando hacia las naciones del bloque BRIC.

                Sin desmedro de lo recién indicado, resulta que hace aproximadamente 10 o 15 años ha comenzado a originarse una serie de modificaciones en la configuración geopolítica de la región latinoamericana, alterando en cierto sentido la correlación de fuerzas tradicional en su interior.

                Frente al auge sostenido de las economías del BRIC, en el contexto de la debacle financiera que desacelera el crecimiento de EEUU y de algunos mercados europeos, los sistemas de exportación latinoamericanos han girado de manera más o menos pronunciada precisamente hacia los mercados asiáticos, sobre todo China e India.

                En este sentido actualmente se van reconfigurando las relaciones comerciales de los países latinoamericanos, redireccionando el destino de la producción alimentaria, energética y metálica -con creciente tendencia hacia la primera-. Nos interesa destacar acerca de este punto que, en la medida que van trasladándose las relaciones de dependencia económica crecientemente hacia los mercados asiáticos, la capacidad hegemónica del imperialismo yankee en términos políticos y militares va demostrándose relativamente debilitada[17].

En América Latina discuten Estados burgueses con regímenes políticos más liberalizantes versus otros de corte más proteccionista, benefactor y redistributivo.

                En el mismo contexto recién reseñado de pérdida parcial de hegemonía estadounidense sobre la región latinoamericana, durante la última década ciertos Estados del continente han ensayado proyectos “reformadores” del régimen político y del patrón de acumulación. El antecedente de tales iniciativas tiene lugar en una amplia gama de sucesos de crisis económica y política[18], movilizaciones populares y campesinas[19], reivindicaciones indigenistas[20] e incluso cuasi-insurrecciones de masas[21]. El común denominador de estos procesos es el desgaste estructural del patrón de acumulación capitalista-neoliberal en la región.

                Como consecuencia, por un lado, algunos Estados de América Latina insisten en la orientación de sus políticas económicas hacia modelos de tipo liberalizante -México, Colombia, Chile, Perú y algunos países de Centroamérica como Panamá-, mientras que otros Estados lo hacen hacia modelos relativamente proteccionistas, más benefactores -en relación con los modelos híperliberales- y redistributivos, eso sí, sobre la base irrestricta de la explotación capitalista y la constitución de un aparato de Estado burgués -Venezuela, Ecuador, Bolivia, Argentina, Uruguay y ciertos países centroamericanos como Nicaragua[22]-.

                Nos resulta llamativo que actualmente en América Latina ciertos Estados que están impulsando políticas económicas redistributivas se ven enfrentadas a grandes dificultades y deficiencias en el aparato productivo, como por ejemplo el fenómeno de la inflación -como es el caso de Venezuela y Argentina-. Entendemos que los factores son múltiples y el análisis debe ser detallado, pero podemos adelantar a simple vista la incongruencia que existe dentro de un modelo de explotación y de acumulación capitalista que pretende desde su vientre desplegar políticas de socialización, sin atreverse ni presentar la voluntad política de avanzar hacia el socialismo -ejemplo Venezuela-.

El capitalismo en América Latina presenta dinámicas de subimperialismo y súper-explotación.

                Lo cierto es que los tímidos intentos por configurar el “socialismo del siglo XXI” no quiebran la integración funcional de nuestro continente en el sistema del capitalismo mundial. Estructuralmente las economías de la región siguen presentando un carácter dependiente en relación con las potencias del capital monopolista. Como ya lo señalara hace décadas el compañero Ruy Mauro Marini, las naciones dependientes pueden conformar sistemas económicos basados en el subimperialismo o en la súper-explotación.

                El fenómeno del subimperialismo se presenta cuando la exportación de mercancías se sustenta en los productos manufacturados, como es el caso de Brasil. Brasil exporta, por ejemplo, automóviles y maquinarias que otras naciones no producen[23], y de esta forma se originan relaciones de subimperialismo para con los países de la propia región latinoamericana.

                Mientras que por otro lado -y simultáneamente-, el fenómeno de la súper-explotación se genera cuando la exportación de mercancías se sustenta en los productos primarios, en las materias primas -sin manufactura o con pobres niveles de manufactura[24]-. Como los términos de intercambio de estas mercancías tiende estructuralmente a perjudicar a las economías exportadoras -debido a la configuración de los precios-, las burguesías locales -quienes venden las materias primas a los países poderosos- necesitan restablecer sus tasas de ganancia. El método que utilizan para lograrlo es la súper-explotación[25], lo cual conlleva el efecto para las masas obreras de no disponer siquiera de los medios básicos para sobrevivir, es decir, para reproducir la fuerza de trabajo.

                Bien conviene entender que no se trata de “lo uno o lo otro”, subimperialismo o súper-explotación. Como la producción es más o menos diversificada, por ejemplo en Brasil se presentan ambos fenómenos dependiendo del rubro productivo. Claro está que los trabajadores campesinos brasileños son obreros súper-explotados.

En América Latina -así como en casi todo el mundo- las luchas obreras, indígenas y populares van en una tendencia ascendente y desigual.

                No necesitamos profundizar mucho más acerca de esta cuestión. Los pueblos de América Latina padecen una condición de pauperización, empobrecimiento, marginación y oprobio producto del carácter dependiente del sistema económico y de la producción, y de la acción represiva de las burguesías locales que se constituyen como furgones de cola de los intereses del capitalismo imperialista.

                Con una u otra especificidad que necesitaríamos analizar según cada contexto nacional, observamos que los movimientos de masas en América Latina se encaminan en una tendencia ascendente -aunque no lineal ni regular- y que se irán repitiendo y multiplicando las coyunturas de lucha obrera, estudiantil e indígena. Se presentarán condiciones de movilización de las masas donde los revolucionarios podemos y debemos intervenir oportunamente.

Hoy constituye un desafío la articulación de la izquierda revolucionaria de la región latinoamericana.

                De igual modo que al referirnos al desafío de la articulación y la unidad de la izquierda revolucionaria en todo el mundo, sostenemos que aquí en nuestro Continente sin los instrumentos político-organizativos será muy difícil avanzar más allá de los episodios de protesta.

                En América Latina nos enfrentamos a la tarea de combatir regímenes capitalistas de corte neoliberal -como es en Chile, Colombia y México-, pero también nos colocamos en contra de gobiernos o regímenes de características más bien socialdemócratas o reformistas como sucede en Venezuela, Bolivia, Argentina o Uruguay. Resultará clave entonces ir instalando una dirección ideológica clara -con los respectivos componentes de diseño político en lo programático, lo estratégico y lo táctico- en función de comenzar a construir el movimiento revolucionario a escala continental[26].

 

3. Elementos del análisis de coyuntura nacional -Chile-.

 

El capitalismo monopolista se encuentra actualmente en óptimas condiciones de crecimiento y desarrollo en Chile.

                El modelo de explotación hoy está funcionando de las mil maravillas para las clases dominantes en Chile. El crecimiento promedio anual del PIB que ronda el 5,5%[27] durante los últimos años -más otros indicadores económicos que no cabe aquí analizar- así lo demuestra. La transacción del cobre -especialmente con China- se realiza en una tasa y un volumen conveniente y el precio del dólar suele ir en beneficio de esta actividad; el Banco Central de Chile opera y reacciona regulando cualquier tipo de desajuste inflacionario; las relaciones diplomáticas y los TLC favorecen ampliamente la inversión[28] y transacción de capitales; la capacidad de consumo real del promedio de la población chilena aumenta por lo tanto el comercio se activa; y por si fuera poco, el desempleo estructural se encuentra regulado alrededor del 6%.

                En pocas palabras, el modelo económico está funcionando correctamente según los planes de los ricos: la burguesía monopólico-financiera en Chile se enriquece cada día, mientras que para conseguir este objetivo debe someter a la clase trabajadora a regímenes de súper-explotación[29], con la consiguiente pauperización y precarización de las condiciones de vida de los trabajadores.

                La economía chilena, por la característica de depender principalmente del mercado y las relaciones comerciales con China y otros países asiáticos, por el momento se encuentra a salvo de potenciales crisis o recesiones económicas. Pero esta suerte siempre está sujeta en el corto y el mediano plazo, debido al carácter estructural de su aparato productivo que se configura como dependiente e híper-liberalizado.

El bloque dominante en Chile presenta actualmente una ausencia relativa de hegemonía.

                Pero no todo anda tan bien para las clases dominantes. El sistema económico ha demostrado con toda la crudeza sus deficiencias y debilidades, hallando su punto más crítico con el desplome de los mercados asiáticos, la “crisis asiática” de los años 1997 y 1998. Durante esa coyuntura quedó clarísimo que el sistema económico chileno no estaba preparado para resistir debacles económicas de gran magnitud a escala mundial, lo cual tuvo como consecuencia el disparo de los niveles de cesantía, la disminución generalizada de los salarios y los ingresos, la proletarización de numerosas capas de trabajadores y una pérdida extraordinaria de la capacidad de consumo.

                La crisis económica fue el detonante de un proceso masivo de acumulación del malestar social. La crisis económica fue resultando en uno de los primeros ciclos de movilización de masas desde el término de la dictadura militar, y la movilización popular se fue traduciendo en la apertura de un proceso de crisis política. Comenzaban de esta forma, hacia finales del siglo XX, las primeras coyunturas de movilización obrera de esta nueva fase de la lucha de clases con el protagonismo de sectores portuarios y forestales; con la actuación de las primeras movilizaciones estudiantiles en contra de las “leyes marco”; de protestas de pobladores y pobladoras que no recibían sus viviendas, y cuando lo hacían se encontraban estafados por construcciones inmobiliarias de inaceptable calidad; y de movilización indígena, principalmente del pueblo mapuche quienes reanimaban reivindicaciones ancestrales por la recuperación territorial, con la conformación de la Coordinadora Arauco-Malleco de Comunidades en Conflicto -CAM-.

                Desde aquellas coyunturas de movilización de los años 98′, 99′ y 2000, donde nosotros ubicamos el inicio de una nueva fase de la lucha de clases en Chile, comienza paulatinamente a provocarse un conjunto de fisuras y el resquebrajamiento del régimen político -que desde el punto de vista de los poderosos clama por una reparación-, acompañado por el deterioro del sistema económico que se hunde en un proceso de desgaste. Desde allí en más el bloque dominante va perdiendo parcialmente su hegemonía sobre el pueblo y se inauguran simultáneamente fenómenos de crisis de legitimidad, de representatividad y de participación. Hasta el día de hoy, el escenario chileno está en ausencia de un agente político hegemónico capaz de conducir sin mayores dificultades el proyecto histórico de la burguesía.

El bloque en el poder se esfuerza por reconstruir la hegemonía perdida mediante un plan de reformas moderado, controlado y súper-vigilado.

                La situación de ausencia de un agente político hegemónico y de ausencia relativa de hegemonía por parte del bloque dominante no ha hecho más que profundizarse y extenderse a lo largo del gobierno de Piñera. Frente a la acumulación del descontento, la activación relativa del movimiento de masas y la agudización de los conflictos, actualmente existe un cierto consenso al interior del bloque en el poder en relación con la necesidad de reformar algunos aspectos de la institucionalidad política. Se ha hablado sobre reformar parcialmente la Carta Fundamental[30], el sistema de representación electoral[31], el sistema de salud[32], el sistema educacional[33], el código laboral[34], etc.

                La promesa es que estas reformas hallarán su hora en este nuevo gobierno de Bachelet, y la idea-fuerza es que el programa de gobierno interpreta y sintetiza todas a la mayoría de las aspiraciones que ha pronunciado durante estos años el movimiento de masas. Pero nosotros no perdemos de vista que éste es un régimen político de democracia restringida[35], y dentro de este marco cualquier iniciativa de reforma se producirá de modo altamente moderado, controlado y súper-vigilado por los administradores del poder, resguardando celosamente los intereses de clase de la burguesía monopolista.

                Debido a los compromisos políticos que la Concertación -o la Nueva Mayoría- tiene con los grandes grupos económicos, no será posible que las demandas populares sean cabalmente satisfechas por el bloque en el poder, continuará la tendencia hacia un ascenso de la movilización popular -con una dinámica ya fuertemente instalada- y en consecuencia, el bloque dominante no avanzará en recuperar la hegemonía perdida desde los inicios del nuevo despertar de la conciencia de las masas.

El movimiento de masas en Chile enfrenta un lento, dificultoso e irregular proceso de rearticulación.

                Pero la conciencia de clase de las masas no se genera de manera mecánica, automática o veloz. Es un proceso lleno de contradicciones, de acumulación de experiencias de lucha, de victorias y derrotas. Es un proceso de maduración lenta e irregular, especialmente cuando atravesamos todavía un período caracterizado por el reflujo y la derrota popular.

                Vemos que actualmente las luchas de las masas en Chile se presentan todavía con niveles demasiado altos de disgregación y dispersión, en formas preferentemente espontáneas y desorganizadas, con bajos grados de cohesión, coordinación y articulación, y esto es lo más importante, sin una conciencia de clase definida que encamine las luchas reivindicativas hacia los intereses de la clase trabajadora. Lo más delicado es que estamos lejos de hallarnos ante un movimiento de masas con una ideología proletaria, aunque sea en sus niveles básicos. Nuestra tarea en consecuencia es ir dotando las luchas de las masas de contenidos clasistas, que hacia el mediano y largo plazo puedan ser orientadas en función de un proyecto de revolución socialista.

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[1] Aunque sus antecedentes historicos más profundos se remontan a la Crisis del Petroleo iniciada en 1973.

[2] Señalamos como ejemplo los casos de Grecia y España, habiendo muchísimos más.

[3] Aunque sus efectos más letales se han manifestado en Europa.

[4] Caracterizada por la mercantilización de bienes o productos a raíz de los cuales anteriormente la burguesía no extraía plusvalor -o al menos no en escala tan amplificada-, por ejemplo algunos recursos naturales como el agua o ciertos componentes de la educación y la cultura.

[5] Impulsado por la disolución de la URSS.

[6] Sigla que comprende a Brasil, Rusia, India y China. En ocasiones se considera también a Sudáfrica.

[7] Y si se quiere también Corea del Sur.

[8] Gatillado por el atentado contra las Torres Gemelas.

[9] Citamos las invasiones militares del ejército yankee sobre Afganistán e Irak. Hoy la vista parece posarse sobre Irán, donde se han mostrado relativamente más cautelosos.

[10] Especialmente petroleros.

[11] Se ha hablado a propósito del fenómeno de la expansión china con el nombre de “consenso de Beijing”, como emulando la figura del “consenso de Washington” -no sin una cierta cuota de ironía-, pero haciendo hincapié en la diferencia que guarda la primera con el militarismo estadounidense.

[12] Citamos como ejemplo la demanda por el cese del embargo económico sobre Cuba, medida respaldada por prácticamente todos los países integrantes de la ONU, pero que no obstante permanece debido a la negativa de los EEUU.

[13] Ocupando el término del modo más amplio como el conjunto de la política desplegada por el Estado de la URSS durante seis décadas, cuya influencia se extendió hacia toda Europa y el resto del mundo por intermedio -principalmente- de los partidos comunistas satélites del PCUS.

[14] Vale explicitar que esta relación no es exclusiva para los intereses de las clases dominantes de los EEUU. El intervencionismo en nuestro continente es practicado sistemáticamente por otras naciones como Canadá, Australia, Suiza, Alemania, Inglaterra, España y un largo etc. Enfatizamos que conviene comprender este fenómeno de acuerdo a la composición de bloques económicos -políticos y militares-, y en este caso nos referimos al eje integrado por EEUU, Inglaterra, la UE y otras economías que son atraídas a su órbita -en general todas las que constituyen la OTAN-.

[15] EEUU busca acordar masivamente tratados de librecambio que impliquen la importación de mercancías primarias a muy bajo costo, por un lado, y por otro la casi irrestricta facultad para invertir capitales en nuestras tierras.

[16] Aunque esto no descarta el desarrollo creciente de un intervencionismo militar, como resulta especialmente abierto y agudo en el caso de Colombia.

[17] Citamos como ejemplo, a propósito de este fenómeno, la situación en la que Evo Morales asume por vez primera el mandato de Bolivia en 2006, ante lo cual la burguesía local en alianza con el imperialismo yankee preparaban un golpe de Estado en el país, lo cual fue resistido y rechazado -entre otros factores- por la firme oposición en ese entonces del gobierno brasileño de Lula.

[18] El ejemplo más claro es Venezuela.

[19] A modo de ejemplo, Brasil.

[20] Bolivia y Ecuador.

[21] Argentina y Bolivia.

[22] A Cuba lo ubicamos en un lugar diferente a todo el resto de los modelos latinoamericanos debido a la conformación de una estructura mucho más desarrollada de socialización. No podemos profundizar en este punto por el momento.

[23] Podemos citar el ejemplo de Chile y Paraguay, pero en realidad se trata de todos los países de América del Sur.

[24] Como los productos de la agricultura tales como la soya, y de las energías y los metales tales como el petróleo y el cobre respectivamente.

[25] La súper-explotación se materializa en la tercerización, la flexibilización, la informalidad, la disminución de los salarios y el aumento de las horas de trabajo, los despidos masivos de trabajadores, etc, todo con el fin de engordar los volúmenes de plusvalía generados a costa de una intensificación de la explotación del trabajo asalariado.

[26] Creemos que la Coordinadora Guevarista Internacionalista (CGI) expresa precisamente esta disposición y voluntad.

[27] Este es un crecimiento exorbitante. Sin considerar a China cuyo crecimiento va moviéndose alrededor del 8% -junto con otras economías asiáticas que crecen a un ritmo similar-, en América Latina las economías activas andan por el 3% del PIB anual, mientras que las economías europeas lo hacen entre el 2 o el 1%.

[28] Por ejemplo, dos grandes inversores de capital en Chile son Suiza y Canadá, quienes aprovechan las holgadas facilidades de penetración económica.

[29] Ya nos hemos referido a este proceso por lo tanto no merece mayor explicación.

[30] O reforma constitutional.

[31] Referido sobre todo a la vigencia del sistema de representación binominal.

[32] Centrado en una crítica al sistema de las AFP -administradoras de fondos de pensiones-.

[33] A partir de la demanda por educación gratuita.

[34] Que toca aspectos relacionados con el derecho a la sindicalización, la negociación colectiva, el término de los “multi-rut”, etc.

[35] Es decir, de democracia tutelada, protegida y excluyente, contrario a lo que sería un modelo de democracia liberal. Se distingue, además, por su carácter policial y contrainsurgente.

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