2014| Aportes preliminares para una propuesta de co-gobierno en todo el sistema educativo

 

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Juventud Guevarista – Chile

Sábado 4 de octubre 2014

 

“1. El problema educacional no es sino una de las fases del

problema social; por ello no puede ser solucionado aisladamente.

2. La cultura de toda sociedad es la expresión ideológica de los intereses

de la clase dominante. La cultura de la sociedad actual es por lo tanto,

 la expresión ideológica de los intereses de la clase capitalista.

3. La última guerra imperialista [Primera Guerra Mundial],

rompiendo el equilibrio de la economía burguesa,

 ha puesto en crisis su cultura correlativa.

4. Esta crisis sólo puede superarse con el advenimiento

de una cultura socialista”[1]

 

 

I. La discusión en torno a la democratización.

 

        La presente nota se ubica y surge en el contexto de una discusión llevada a cabo en el Pre-congreso Metropolitano por la Educación para los Pueblos, donde se manifestaron diferentes visiones y alternativas para la conquista de la democratización. Sabemos, y tendremos la precaución, que la discusión con nuestros compañeros tiene que ser fraterna y respetuosa, concentrando los debates exclusivamente en los elementos políticos que aporten a una mejor y más consistente elaboración.

        Finalmente, respecto a esta discusión en el Pre-congreso, la postura mayoritaria fue la de impulsar la política del co-gobierno, quedando la propuesta del control comunitario como minoritaria. En este contexto nos interesa profundizar, preliminarmente, cómo entendemos el co-gobierno y de qué manera se podría ir llevando adelante, tal de ir instalándolo en la CONFECH, los distintos pre-congresos regionales y locales, el Ampliado Nacional del 18 y 19 y cualquier instancia donde dialoguemos con los trabajadores de la educación.

        El objetivo de esta nota no es debatir en profundidad ni en extenso con las nociones de control comunitario, sino aportar con algunas luces hacia una alternativa clasista de organización y participación democrática y popular en el sistema educativo. Procuraremos que la propuesta política se anteponga a la polémica.

       

        II. El co-gobierno: un legado centenario de la lucha latinoamericana.

 

        El empleo de uno u otro concepto para la elaboración de la política no es una cuestión ociosa. Ni tampoco podemos sostener que, sobre la base de una determinada categoría, cada quien puede entender lo que se le antoja, o que cada experiencia misma irá significando, particularizadamente, una categoría política. La relevancia de la rigurosidad en el uso de las categorías radica en el hecho que éstas entrañan, como si se tratase de material genético, un componente o una carga histórica, y asimismo una carga y un contenido ideológico. Cuando utilizamos palabras para construir política estamos, en lo fundamental, desarrollando ideología y forjando proyecto revolucionario, por eso no da lo mismo nuestra forma de expresar[2].

        En este sentido, queremos rescatar el concepto de co-gobierno como una categoría política e histórica. La matriz histórica de la noción de co-gobierno podemos encontrarla en la Reforma Universitaria de Córdoba de 1918[3], aunque este proceso fue gestándose con cierta anterioridad desde el Primer Congreso Americano de Estudiantes de Montevideo (1908)[4] y los congresos de Buenos Aires (1910)[5] y Lima (1912)[6]. De este modo, caracterizamos la lucha de los estudiantes por la transformación del sistema educativo, la democratización de las instituciones, la socialización del conocimiento y la conformación de un movimiento estudiantil propiamente tal, como un fenómeno eminentemente latinoamericano[7].  

        En Córdoba y en la Universidad de Córdoba, en un escenario marcado por una fuerte tradición colonial, señorial, el predominio económico de una oligarquía terrateniente y la dominación política y cultural de las altas castas clericales, que hacían de la Educación una institución social fosilizada, obsoleta, extremadamente escolástica y conservadora, el movimiento de Córdoba se levantó como una iniciativa por transformar no solamente la estructura universitaria, sino por alterar profundamente las relaciones entre las clases[8].

        Los estudiantes de Córdoba desarrollaron una lucha radical, violenta, e instalaron -por decirlo esquemáticamente- los siguientes principios: autonomía universitaria, -en sus aspectos político, docente, administrativo y económico; autarquía financiera; elección de los cuerpos directivos y de las autoridades de la Universidad por la propia comunidad universitaria y participación de sus elementos constitutivos, profesores, estudiantes y graduados, en la composición de sus organismos de gobierno; concursos de oposición para la selección del profesorado y periodicidad de las cátedras; docencia libre; asistencia libre; gratuidad de la enseñanza; reorganización académica, creación de nuevas escuelas y modernización de los métodos de enseñanza; docencia activa, mejoramiento de la formación cultural de los profesionales; asistencia social a los estudiantes, democratización del ingreso a la universidad; vinculación con el sistema educativo nacional; extensión universitaria, fortalecimiento de la función social de la Universidad, proyección al pueblo de la cultura universitaria y preocupación por los problemas nacionales; unidad latinoamericana, lucha contra las dictaduras y el imperialismo[9].

        Si bien, en su contexto, el movimiento de Córdoba estuvo compuesto principalmente por la participación y el protagonismo de “capas medias” de la sociedad, liberales, intelectuales, profesionales y pequeñoburgueses[10], en esencia la lucha política por la liberación del conocimiento, el libre acceso a la cultura y la apertura de la educación a las masas populares se desata en contra de los sectores dominantes, a contrapelo de los intereses clericales y oligárquicos; sin su concurso, confrontándolos, expulsándolos[11]. Se legitima una perspectiva combativa con la juventud en frente, por sobre el diálogo y la conciliación con los sectores reaccionarios. Así, por ejemplo, el co-gobierno no contempla la integración armoniosa de las autoridades de la Universidad en la toma de decisiones, sino que se trata de un ejercicio de gobierno en manos de los estudiantes y docentes “progresistas”.

        La Reforma de Córdoba desde el año 1918 y a lo largo de todo el Siglo XX, hasta la actualidad, gravó su influencia en prácticamente todo el territorio latinoamericano. Se puede hallar sus réplicas en Perú[12], Chile[13] [14], Cuba[15], Colombia[16], México[17], Guatemala, Uruguay, Brasil, Paraguay, Bolivia, Ecuador y Venezuela, entre otros. Bajo un contenido de clase proletario y en función de una orientación política revolucionaria, ésta es la tradición histórica que nos interesa recoger.

 

        III. Una táctica para impulsar la penetración de la clase trabajadora y las masas populares en los asuntos de la Educación.

 

        En primer lugar, señalar que entendemos la política del co-gobierno como una táctica; como táctica de organización de los explotados y los marginados, de lucha contra el sistema educacional capitalista, participación y deliberación, integración en la cultura, producción de cultura popular y robustecimiento de la conciencia de clase por medio de diversas experiencias de participación política.

        Vale decir que dicha táctica, así como toda táctica desde nuestra posición, está integrada en una estrategia de poder[18], lo que implica que la lucha de conjunto se dirige contra la burguesía y su Estado, por la conquista del Socialismo, y no -en este caso- contra cada privado, sostenedor, director, rector o especulador particular. No nos interesan, en virtud de la capacidad de proyección y desplante de la política revolucionaria, las experiencias aisladas o autogestionarias[19].

        El co-gobierno, entonces, se define como la incorporación o penetración de la clase trabajadora y los sectores populares en la producción y reproducción del sistema educativo, en la toma de decisiones, gestión y administración de los procesos, la constitución de contenidos curriculares, etc, y en ese sentido, en la producción de cultura. Aspiramos que el manejo del sistema educativo -y junto con esto la cultura, el intelecto– vaya pasando a manos de la clase trabajadora y los sectores populares, arrebatándola del dominio monopólico del bloque dominante.

        El co-gobierno tiene que ser la penetración o la irrupción de la clase trabajadora, dado que se constituye en medio de una dinámica de fuerza; de manera fundamental, en un ejercicio de imposición y conquista de las posiciones propias, y no de negociación, conciliación o colaboración de nuestros intereses con los de la clase dominante. Por esta razón, como veremos más adelante, el co-gobierno no puede desarrollarse en instancias de composición pluriclasista, donde converjan los intereses de todas las clases y deliberen posiciones antagónicas, pues el resultado inexorable de aquella dinámica será la subordinación de los criterios proletarios a los criterios burgueses.

        Por el contrario, el co-gobierno debe ser una herramienta para articular, cohesionar y reagrupar el conjunto de elementos de la clase trabajadora y los sectores subalternos que hoy se hallan dispersos, hacia la educación y la cultura, y por medio de éstos[20] generar las fuerzas suficientes para golpear y avanzar. La discusión democrática deberá empujar adelante la lucha reivindicativa de las masas pero también, y por sobre todo, el proyecto político, el proyecto socialista.

        Por último, asociado a lo anterior, sostenemos que en la deliberación democrática sobre educación y cultura, obtenidas ciertas condiciones de reagrupamiento y rearticulación de los trabajadores y el pueblo, es necesario que se vaya introduciendo y difundiendo la ideología socialista, el “pensamiento marxista”, el método dialéctico en el entendimiento de la realidad, la filosofía de la praxis. El movimiento de las masas, su flujo, organización y acumulación de fuerzas tiene que ser orientada política e ideológicamente en función del proyecto socialista, sin lo cual, tarde o temprano, es capturado por el sistema de pensamiento burgués, el liberalismo, o bien es llanamente aniquilado por el enemigo de clase a través de la pura coerción. En el ámbito del co-gobierno se desarrollará una lucha de ideas democrática, abierta y transparente, donde los revolucionarios habremos de intervenir con todas nuestras energías a disposición.   

 

        IV. Algunos contenidos relevantes relacionados con la implementación del co-gobierno.

 

        En primer término, para echar a andar cualquier iniciativa asociada a la democratización del sistema educacional, tienen que derogarse de manera inmediata todos los decretos y leyes que prohíban, obstaculicen, interrumpan o dificulten la participación efectiva, con voz y voto, es decir incidente, de estudiantes, trabajadores de la educación, padres y apoderados, vecinos y pobladores, sindicatos, gremios docentes, etc. Es preciso, como primera condición, luchar por la eliminación de estas barreras para la organización y la participación vinculante.

        Creemos, y aquí es donde apostamos con mayor énfasis una propuesta táctica, que el co-gobierno debe llegar a constituirse como una fuerza a nivel nacional, disputando el Poder directamente con el Estado -el MINEDUC en materia educativa- e interviniendo en el rumbo de la política de Estado, comprendiendo a su vez algunos niveles inferiores de organización. A todos ellos les llamamos órganos de co-gobierno, los cuales han de centralizarse en un único gran órgano de co-gobierno nacional.

        El co-gobierno tiene que implementarse tanto al interior de los establecimientos educativos, a nivel local; como a nivel municipal o comunal; también a escala provincial y regional; y finalmente extendiéndose a escala nacional, poseyendo los órganos de co-gobierno un poder efectivo de decisión en relación al Ministerio de Educación. Estos órganos debieran operar de hecho, de facto[21], empleando -preferentemente[22]– plataformas de lucha y métodos de movilización radical de masas.

        Si pensamos en serio en co-gobernar la Educación con el conjunto del pueblo trabajador, atendiendo realmente los intereses de la clase, no podemos contentarnos simplemente con ir estableciendo múltiples expresiones de co-gobernanza a nivel local -en la propia institución educativa-, de manera dispersa unas de otras; sino que necesitamos avanzar en la construcción de mecanismos de articulación que posibiliten la creación de una fuerza con carácter regional y nacional. Más aún, si pensamos en la conformación de un Sistema Único Nacional de Educación Estatal, centralizado en el MINEDUC, el cual provea educación gratuita y universal, entonces el co-gobierno del sistema educativo debe -necesariamente- hacerse efectivo hasta las más altas esferas de poder.

 

        Materias centrales de injerencia del co-gobierno.

 

        Finalmente, nos parece relevante especificar cuáles podrían ser las materias centrales sobre las que el co-gobierno debiera tener injerencia:

–          Elección, ratificación o cese de funciones de autoridades y personal administrativo: rector o director de escuela -en colegios y liceos-, vicerrectores, decanos, directores de departamento, inspectores, entre otros; estableciendo los criterios y los métodos para nombrar los diferentes cargos.

–          Definición de asuntos académicos, pedagógicos y docentes: perfil de la institución educativa, perfil de las carreras y sus estudiantes -ingreso y egreso-, mallas curriculares, contenidos pedagógicos, didáctica, métodos de enseñanza, oferta catedrática, etc.

–          Definición de la estructura orgánica o estatutaria del establecimiento, delimitación de funciones y atribuciones, reglamentos académicos, de convivencia, etc.

–          Recursos: decidir colectivamente en qué y cómo se invierten y administran, aprobando presupuestos, fiscalizando su correcta utilización y realizando las evaluaciones correspondientes. Aquí debieran comprenderse también los distintos programas de investigación y extensión, definiendo sus objetivos y orientaciones políticas, sociales y culturales.

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[1] Revista “Sagitario de la Plata”, Nro 2, Argentina, 1925.

[2] Al respecto, declaramos un franco desacuerdo con aquella “afición” a sustituir las categorías tradicionales, clásicas del marxismo, por otras nuevas, sin mayor reflexión o fundamento teórico. Es decir, sin una investigación acuciosa sobre la realidad que justifique el uso de una nueva categoría por encima de su antecesora. Es el caso del “control comunitario”, que perfectamente podría llamársele socialización de la educación; o más aún, el -horrible- concepto de “multisectorialidad”, que no tiene ni un lugar en nuestros diccionarios mientras conservemos la siempre porfiada categoría de clase social.

[3] Véase el “Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria”, Federación Universitaria de Córdoba, 1918.

[4] La Reforma Universitaria de Córdoba, Carlos Tünnermann Bernheim, Educación Superior y Sociedad Vol. 9 Nro. 1: 103-127, 1998.

[5] Ibid.

[6] Ibid.

[7] Recomendamos enfáticamente la lectura de “La Reforma Universitaria: ideología y reivindicaciones”, en “Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana”, José Carlos Mariátegui, Lima, Amauta, 1928.

[8] Ibid.

[9] La Reforma Universitaria de Córdoba, Carlos Tünnermann Bernheim, Educación Superior y Sociedad Vol. 9 Nro. 1: 103-127, 1998.

[10] No obstante lo cual, Mariátegui recuerda en el texto ya citado que el escenario mundial de la primera gran conflagración inter-imperialista arrojó como un resultado directo, particularmente en las naciones dependientes de América Latina -como también en gran parte de Europa-, una creciente pauperización y proletarización de las capas medias.

[11] Presentación de Sandra Carli al Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria de Córdoba, Universidad de Buenos Aires.

[12] “Los estudiantes de vanguardia de la Universidad de Lima, leales a los principios proclamados en 1919 y 1923, sostuvieron en 1926 las siguientes plataformas: defensa de la autonomía de las universidades; participación de los estudiantes en la dirección y orientación de sus respectivas universidades o escuelas especiales; derecho de voto por los estudiantes en la elección de rectores de las universidades; renovación de los métodos pedagógicos; voto de honor de los estudiantes en la provisión de las cátedras; incorporación a la universidad de los valores extrauniversitarios; socialización de la cultura: universidades populares, etc.” José Carlos Mariátegui, La Reforma Universitaria: ideología y reivindicaciones, 1928.

[13] “Los estudiantes de Chile declararon [a comienzos de la década de 1920] su adhesión a los siguientes principios: 1º autonomía de la Universidad, entendida como institución de los alumnos, profesores y diplomados; 2º reforma del sistema docente, mediante el establecimiento de la docencia libre y, por consiguiente, de la asistencia libre de los alumnos a las cátedras, de suerte que en caso de enseñar dos maestros una misma materia la preferencia del alumnado consagre libremente la excelencia del mejor; 3º revisión de los métodos y del contenido de los estudios y 4º extensión universitaria, actuada como medio de vinculación efectiva de la Universidad con la vida social.” Ibid.

[14] Tema relacionado y muy interesante, que no podemos analizar acá, es la prolongación gradual de un proceso de Reforma Universitaria en Chile que arranca con fuerza a inicio de los 20′ y se extiende hasta 1973, con su punto de inflexión en 1967 -justamente al abrirse una especie de co-gobierno- y luego en 1971 con la conformación de la Escuela Nacional Unificada -ENU-.

[15] “Los estudiantes de Cuba concretaron en 1923 sus reivindicaciones en esta fórmula: a) una verdadera democracia universitaria; b) una verdadera renovación pedagógica y científica; c) una verdadera popularización de la enseñanza.” Ibid. Cabe señalar que en Cuba el movimiento de la juventud, que se forjó en buena medida al color de la lucha estudiantil, arrojó figuras tan brillantes como José Antonio Mella y el propio Fidel Castro.

[16] “Los estudiantes de Colombia reclamaron, en su programa de 1924, la organización de la Universidad sobre bases de independencia, de participación de los estudiantes en su gobierno y de nuevos métodos de trabajo.” Ibid.

[17] “El Congreso Internacional de Estudiantes de México de 1921 propugnó: 1º la participación de los estudiantes en el gobierno de las universidades; 2º la implantación de la docencia libre y la asistencia libre.” Ibid.

[18] Estrategia de poder revolucionario.

[19] Estratégicamente, en el frente de la educación se desarrolla una disputa por la hegemonía, una lucha ideológica, una lucha cultural contra el bloque dominante. La lucha ideológica y cultural se despliega como una lucha por el Poder, integrada en una estrategia de poder, con miras a la conformación de un nuevo bloque histórico, por tanto se disputa esencialmente al Estado de la burguesía y al Imperialismo.

[20] Nos referimos a las organizaciones políticas y de masas de la clase, su activo político, algunos de sus principios y proyecciones, sus herramientas tácticas, etc. En una palabra, el capital político de la clase trabajadora que existe actualmente en el país, pero que no logra superar la dispersión.

[21] Decimos que son organizaciones de hecho aquellas que no son reconocidas formalmente por el Estado, no gozan de Personalidad Jurídica de ningún tipo y por tanto no están sujetas a su jurisdicción; pero que a su vez, tampoco se encuentran en situación de ilegalidad propiamente porque el Estado -y su aparato de Seguridad- no han definido, por el momento, la necesidad de perseguirlas y eliminarlas. Un buen ejemplo de lo anterior es la misma CONFECH.

[22] No exclusivamente.

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