Análisis de coyuntura y lineas políticas

Resultados generales de las elecciones pasadas y sus proyecciones inmediatas

Para efectos de desarrollar un análisis de coyuntura, comenzamos refiriéndonos a la coyuntura electoral. Desde una perspectiva general, observamos que aumentó la votación por Bachelet en la segunda vuelta, y que bajaron en aproximadamente un millón los votantes. Creemos que algunos votos de Parisi pasaron a Mathei -pese a las insinuaciones del candidato hacia Bachelet, lo que manifiesta el carácter líquido de su base electoral- y que una parte importante de nuevos votos hacia Bachelet provinieron de MEO. Pero la mayor parte del electorado de MEO en la primera vuelta, en la segunda no votó. Constatamos el comportamiento de una fuerza “independiente” en relación con la Concertación, traducido en cierta lealtad del electorado que obedece las indicaciones que bajan de la dirección del PRO. Si bien es una fuerza significativa en términos electorales, de todas formas desde el punto de vista de la influencia real dentro del movimiento de masas, el PRO no representa ni expresa una tendencia relevante.

            Por otro lado, vemos que un porcentaje no menor de votantes expresaron la consigna de Asamblea Constituyente (AC) en su papeleta, alrededor del 10% de los votantes. Este porcentaje -aunque no con total certeza de su procedencia- podemos reconocerlo como un voto que viene desde el movimiento de masas activo políticamente. Respecto a esto, señalamos con que poseemos plena convicción de que la táctica de la AC más que profundizar transformaciones o sentar “bases democratizadoras” en la sociedad, viene a constituirse como una salida conciliadora y desmovilizadora, y que será un instrumento en manos de algunos sectores burgueses para perfeccionar y legitimar de forma sofisticada la dominación en la súper-estructura política. El sector que más apoyó la política de la AC, fueron los sectores medios movilizados (pequeña burguesía), sin embargo parte importante de los sectores políticamente más activos han comprendido el retroceso que puede significar la AC en momentos donde las correlación de fuerzas para el campo popular es completamente adversa.

            A pesar de las cifras de abstención de cerca de un 50%, el triunfo de Bachelet –de todas formas- se sostiene sobre una amplia base social. Parte importante de nuestra sociedad se inclinó hacia las promesas de cambios y de reformas de Bachelet y la Nueva Mayoría. No obstante, pese a la base social amplia del próximo gobierno, creemos que en perspectiva podría -de alguna forma- afectar el “factor decepción” a un gobierno que no tiene la voluntad política de dar soluciones reales y profundas a las demandas sociales y políticas.  En un primer nivel, este efecto, podría golpear a Bachelet, en un segundo nivel hacia el poder ejecutivo -Nueva Mayoría- y en un tercer nivel hacia los administradores del poder, los representantes políticos del bloque dominante y algunos elementos del sistema político profundizamos los problemas de representatividad y legitimidad del régimen burgués.

Como ya indicamos, pensamos que es probable que ocurra una decepción importante por parte de amplios sectores que concurrieron a las urnas por cambios políticos profundos. Sin embargo, y pese a que efectivamente habrán cambios importantes en materias tributarias, de educación y previsión, en la práctica, debido a los compromisos de la Nueva Mayoría con los grandes grupos económicos, las reformas no alcanzarán los niveles necesarios de profundidad como para poder satisfacer realmente las necesidades y las demandas sociales, especialmente de los sectores movilizados.

Podemos proyectar un efecto boomerang, en el sentido de que el efecto producido por la ilusión popular de trasformaciones profundas, se devolverá de forma inversamente proporcional, de manera tal que la desilusión popular puede tener un resultado nefasto en la capacidad hegemónica en los administradores del capitalismo en Chile. Sin embargo, lo anterior es solo una posibilidad, porque si el ejecutivo y el bloque en el poder en su conjunto logran cooptar parte importante del movimiento de masas, el efecto boomerang no ocurrirá, y el bloque en el poder podrá recuperar parte del terreno perdido los últimos años de movilización y lucha de clases. Depende de los revolucionarios en particular, y los sectores clasistas en general -al interior del movimiento de masas- profundizar las fisuras del bloque dominante en la perspectiva de provocar profundas rupturas entre los sectores dominados y los sectores dominantes. En ese plano, nuestra política debe pasar por evidenciar los compromisos políticos con los grandes grupos económicos de la Nueva Mayoría y desvelar la falta de voluntad real de impulsar cambios dentro del régimen político de la burguesía.

Debemos impulsar la lucha por las demandas de clase, por medio de la presión en las calles, desde la movilización activa y radical de las masas, como lo vienen realizando los trabajadores durante el último año (portuarios, forestales, retails, recolectores de basura, etc.) y como también lo hizo el movimiento estudiantil el 2011. Sin masas movilizadas, no hay trasformaciones posibles. Debemos poner nuestros esfuerzos, ante cualquier debilidad de la Nueva Mayoría, en abrir un nuevo ciclo de movilización que favorezca la polarización de clase y que a su vez permitirá el desarrollo y la acumulación de fuerza social revolucionaria.

            Para todos los sectores que nos venimos movilizando los últimos años (especialmente para quienes nos ubicamos en la izquierda revolucionaria), toda tendencia que, de uno u otro modo, contribuya a profundizar la incapacidad de mantener la hegemonía del bloque en el poder sobre el campo popular, es favorable para la acumulación de fuerzas. Mientras la Concertación-PC (Nueva Mayoría) no recupere la capacidad hegemónica, los revolucionarios contaremos con condiciones favorables parar acumular fuerzas entre los sectores más avanzados de nuestra clase. Especialmente entre aquellos sectores que se plantean críticos a la Concertación y la Nueva Mayoría desde la izquierda. Bajo las actuales condiciones de desgaste del régimen político, y un bloque en el poder ya corroído después de casi 25 años de dominación ininterrumpida (además de las peleas fratricidas dentro de la derecha y la Concertación), y –lo más importante de todo- un movimiento de masas en permanente estado de movilizado (con los flujos y reflujos correspondientes), las posibilidades de recuperar la hegemonía sobre todos los sectores subalternos se encuentra prácticamente descartada. Lo que más le queda al bloque dominante, mediante el liderazgo populista de Bachelet, es generar nuevos caudillos sociales que distraigan a parte importante de la sociedad civil, respecto a sus demandas y necesidades.

¿Qué significan realmente los altos niveles de abstención electoral?

            Existe un sector político dentro de la izquierda revolucionaria, y también sectores posmodernos, quienes interpretan la abstención como un “rechazo del pueblo al sistema en su conjunto”, nosotros pensamos que eso es una vulgar ilusión.

Pensamos que la poca participación electoral se debe a un profundo problema de desafección política, el que en el plano de las elecciones se expresa en la desafección electoral. Esto quiere decir que el problema es mucho más profundo y complejo que la simple falta de participación electoral, en esencia es el descredito de la política en general (provenga desde donde provenga). Además, el factor desafección va acompañado por la metástasis producida por el capitalismo, despolitizando primero a la clase explotada, dejándola a su suerte, mientras se privilegia el mantenimiento de los intereses de las clases dominantes, lo que produce apatía y desinterés por parte del pueblo. Junto con lo anterior, también debemos reconocer, que desde el campo revolucionario, en décadas de lucha tampoco hemos sido capaces de dar una solución efectiva a los problemas de nuestra clase, ni siquiera de proyecta una orientación a largo plazo que ayuda al mantenimiento de la politización de las clases explotadas. La “política” se ha ido desnaturalizando gradualmente, desligándose de los otros aspectos de la cotidianidad, para dejar que las problemáticas sean resueltas por la individualidad y la “tecnocracia”. En síntesis, los amplios sectores que no votaron en las elecciones pasadas, no lo hicieron fundamentalmente por su rechazo general a la política en general, y en ningún caso porque rechacen al sistema capitalista en particular, o al régimen político burgués. Muy por el contrario, todos los sectores despolitizados son ampliamente favorables al mantenimiento del status quo  de la dominación capitalista. Un parte muy pequeña y marginal no participó del juego electoral debido a su rechazo al modelo democrático.

            Como contraparte, observamos que las “candidaturas alternativas” (Miranda, Claude, Sfeir), y también en cierta medida Bachelet, han logrado captar parte importante del movimiento de masas (cerca de 400.000 votos y sin fin de militantes de base y dirigentes sociales). Aquellos demuestran que las campañas anti-electorales tiene un débil efecto en el campo popular. En efecto, hoy día la masa movilizada del país está votando, especialmente por candidaturas alternativas. ¿De otra forma, de dónde podrían haber provenido los cerca de medio millón de  votos de Miranda, Sfeir y Claude?

            La anterior constatación nos sirve (y creemos que esto es lo que merece mayor atención para efectos del análisis) para identificar el potencial de crecimiento político. Afirmamos, de hecho, que el potencial de crecimiento no está ubicado principalmente en las cinco millones de personas que se encuentran subsumidas en la desafección política. Más bien, hoy en día, está en las 400.000 personas que votaron por las alternativas “anti-neoliberales”; aquel es el sector de avanzada (con todas las debilidades que corresponden y con la fuerte tendencia hacia el reformismo que ya conocemos) del movimiento de masas. Creemos que lo más adecuado es apuntar a ese sector de avanzada, empujando las –tibias- posiciones anti-neoliberales hacia directamente anti-capitalistas  y socialista, superando –al mismo tiempo- la lucha por la “democratización” desde –obviamente- una perspectiva revolucionaria. Bajo ningún ángulo esto quiere decir que debamos rebajar nuestra política hacia posiciones reformistas (de hecho muchos moderan su estética sus nombres y sus consignas con esa perspectiva rastrera y oportunista), muy por el contrario, lo que debemos hacer es precisamente disputar, desde la izquierda revolucionaria, la hegemonía de los sectores movilizados-votantes al reformismo.

Esto no quiere decir que no intentemos llevar acabo la politización de las masas desmovilizadas. Sin duda esta tarea debe estar también presente en nuestro quehacer político, sin embargo el proceso de acumulación política –fuerza social revolucionaria- debe estar fundamentalmente ubicada en los sectores más avanzados del movimiento de masas.

            Los votantes movilizados deben ir fogueándose en la lucha misma, y debemos ir demostrándoles que las candidaturas presidenciales “alternativas” no tienen proyección de mediano y largo plazo, y que se equivocan tanto en aspectos estratégicos como tácticos. Por una parte apuntamos a los sectores, quienes posiblemente en un porcentaje importante se encuentran defraudados de las “aventuras electorales”, desmoralizados, desencantados o derechamente descontentos con las organizaciones que impulsaron esta alternativa. Y por otra parte, a la base social y electoral que tiene un pensamiento político más desarrollado pero que probablemente en muchos de los casos no está embaucada en ninguna actividad política concreta y constante.

            Después de los últimos resultados electorales podemos afirmar que la acumulación de fuerzas no está pasando por la participación electoral dentro de los márgenes de la democracia burguesa. Sin embargo, nuestra posición no es una apuesta de principios, no rechazamos las elecciones en cuanto tal, sino porque en el actual periodo de lucha de clases, caracterizado por la desafección política y electoral de las masas, por el descredito del régimen político, y por el estado avanzado de los sectores más conscientes del movimiento de masas, el camino hoy se ubica en la agudización de las contradicciones entre los sectores movilizado y sus demandas, dentro de un contexto institucional donde es imposible resolver las necesidades de nuestra clase dentro de los márgenes de la democracia burguesa. Debemos buscar el desarrollo de la conciencia de clase, y en ese plano, el desarrollo de la conciencia de clase de manera más aguda y radical se está dando objetivamente fuera de los márgenes de la institucionalidad de la clase dominante, por medio del desarrollo de la lucha reivindicativa.

            En relación con esta cuestión, existe una interrogante fundamental que nos debemos plantear: ¿cuál es la forma principal como estamos educando al movimiento de masas al largo plazo?

Debemos proponernos educar al movimiento de masas en la confrontación, la combatividad y la lucha con independencia de clase. Debemos entender que durante todo este período de recomposición y rearticulación del movimiento obrero y popular, nos estamos nutriendo de experiencias de lucha que irán poco a poco dotando de contenido y tiñendo moral y actitudinalmente al movimiento de masas que será protagonista de las luchas del mediano y largo plazo. Hay que entender, en este sentido, que la conquista del socialismo no pasa solo por los días previos a la toma del poder en un período revolucionario, sino que es una tarea histórica en constante movimiento y tenemos que asumirla como tal, y desde ya. Hoy día se está gestando, al calor de la movilización, una nueva generación de luchadores que viene a sumarse a las filas de quienes formaron parte del lento y dificultoso rearme popular durante la década de los 90′, de quienes lucharon en las jornadas de protesta contra la dictadura pinochetista en los 80′, e incluso de quienes estuvieron en la trinchera de los trabajadores y el pueblo anteriormente al golpe de Estado. La educación en lucha del movimiento obrero y popular, en una perspectiva histórica, se debe desarrollar fuera y contra la institucionalidad de la clase dominante.

Algunas proyecciones políticas

            En primer lugar debemos tener en cuenta que apenas asuma el mando Bachelet se dará impulso a la reforma educacional, la reforma al sistema de AFP y la reforma tributaria. Por lo tanto, es de esperarse que los proyectos de ley presentados por el ejecutivo a inicio del mandato tengan, en principio, un efecto desconcertante o letárgico sobre la movilización de masas (salvo en el movimiento estudiantil), puesto que una gran parte de la misma no se encuentra en posiciones rupturistas -aunque por cierto no podemos hacer generalizable esta observación-, y no estará dispuesta de buenas a primeras a enfrentar al nuevo gobierno y desligarse de su programa, como sí lo estaba -en mayor medida- durante el mandato de Piñera.

            En este contexto no podemos perder de vista que la izquierda revolucionaria, posee un peso significativamente menor en términos cuantitativos y cualitativos en relación con el reformismo y la socialdemocracia, y habrá que echar mano de tremendos esfuerzos políticos y organizativos para agitar y promover aires de movilización. De todas maneras, dicho escenario debiera presentar un conjunto de condiciones aptas para el desarrollo de la unidad y la cohesión de la franja revolucionaria, al generarse un distanciamiento más claro y categórico con todas las variantes de reformismo. Creemos, en fin, que este efecto de desconcierto o confusión va a ir tendiendo a desaparecer, y que volverán a estallar movilizaciones populares con mayor fuerza y mayor intensidad.

            Sostenemos que los grandes victoriosos de toda esta coyuntura es el Partido Comunista, pues por un lado duplicaron su presencia parlamentaria, y por otro actualmente controlan el movimiento de masas, salvo el movimiento estudiantil donde han retrocedido. Manejan la CUT, el Colegio de Profesores, la mayor parte del movimiento de trabajadores del cobre, etc.

            El Partido Comunista, bajo su línea política casi completamente ubicada en el reformismo pequeñoburgués, con insinuaciones de giro más o menos moderado hacia la socialdemocracia, presenta en el corto y mediano plazo perspectivas de crecimiento, inserción, extensión y fortalecimiento al interior de la movilización de masas. Esta observación choca y se contradice con el planteamiento que insistentemente vienen sosteniendo algunos compañeros, de que el PC hoy, al anclarse más firme y directamente que antes en los poderes del Estado, se habría separado y alejado de las masas -obreras y populares, en general-, perdiendo casi enteramente su inserción, influencia y capacidad de conducción política. Equivocan un punto cardinal en el análisis, lo ubican mal en este periodo y también históricamente, pues siempre han tenido PC y PS una base social firme, pese a todos sus años de historia, períodos de gran algidez y conflicto, siguen teniéndola. No hay que confundir entre sus orientaciones políticas, sus lineamientos y su programa, con su estructura. El PC sigue tan o más fuerte que antes, pese a su giro hacia el centro político.

            Por otro lado, en los sectores tercerizados de la producción, encontramos presencia libertaria y trotskista. Un ejemplo claro, y el más actual, es la huelga de Correos Chile -aunque si bien esto es así, lo es de manera incipiente y todavía las grandes dirigencias la conservan el PS y la DC-. Sin embargo, el Colegio de Profesores, la CUT, la CONFUSAM, la ANEF, están en manos de la Nueva Mayoría. Dichos sindicatos podrán abrir ciertas coyunturas de movilización, pero en una relación de respaldo al gobierno. Nuestras posibilidades de influir ahí son marginales.

            Pero no así dentro del movimiento estudiantil, que se caracteriza por poseer una mayor autonomía política (frente al bloque en el poder), allí existen mejores condiciones para insertarnos e influir con nuestra política. También tenemos posibilidades en los movimientos sindicales más activos, que son precisamente los que no están tan ligados a la Nueva Mayoría. Y más aún en el movimiento de masas de los pobladores de regiones. El movimiento mapuche, por otro lado, tiene todavía una mayor independencia política, pero se hace altamente complicado penetrar e intervenir.

            Por mucho que así se pinte, este gobierno no va a ser desde ningún punto de vista progresista. De acuerdo con el carácter de las políticas que impulsará será preponderantemente socialdemócrata de centro, aunque con tensiones en su interior entre posiciones de inclinación más conservadora y otras de inclinación más progresista, o liberales. De los partidos políticos que componen este pacto, la mayor fuerza todavía está en la Democracia Cristiana, a pesar de que socialmente sus políticas se encuentren relativamente deslegitimadas -obteniendo Orrego en las primarias concertacionistas un 9%, por debajo de Michel Bachelet que obtuvo un 73% y Andrés Velasco con un 13%-.

            Decimos que el reformismo, en el contexto del gobierno de Bachelet, va a presentar a los revolucionarios ciertas oportunidades de unidad. Por una parte, divisamos la perspectiva de una unidad social, que se puede desarrollar por ejemplo dentro del Todos Somos Asamblea con mucho potencial de movilización.

            Nosotros creemos, sin desmedro de la relevancia relativa que poseen todos los niveles de unidad, que actualmente lo fundamental está puesto en la discusión estratégica, y de allí se deriva lo táctico. Vemos con buenos ojos que, en todo caso, está la voluntad de hablarlo, y nos jugamos por que la discusión programática y estratégica tiene que ser en serio, con intenciones de profundizar y mejorar, y sin abandonarla desviando inoportunamente la atención hacia el “tareismo”.

            En torno a la discusión estratégica, pensamos que no es posible dotar al movimiento de masas de características revolucionarias, y no es prudente pretender que así sea por completo. El movimiento popular es, necesariamente, heterogéneo, y no es posible que la fuerza social revolucionaria sea todo el movimiento popular. El carácter y el papel de la fuerza social revolucionaria dentro del movimiento popular es de vanguardia. Aquí se concentran los elementos de avanzada, de mayor convicción, disposición de combate y conciencia. La fuerza social revolucionaria es la expresión más alta de conciencia al interior del movimiento de masas; éste último es más amplio y lo constituyen las mayorías populares dispuestas a luchar.

            Al respecto, creemos precisamente que lo fundamental está en la construcción de fuerza social revolucionaria, enfrentada a los enemigos de clase, educada en el empleo de la violencia política de masas, en lucha reivindicativa y al mismo tiempo por la destrucción del Estado burgués y la conquista del Socialismo como norte programático, y como fuerza de avanzada al interior del movimiento de masas, expresión de los mayores niveles de conciencia de clase que acaudilla al movimiento obrero y popular -aunque esta observación no es excluyente de otros elementos estratégicos de relevancia-.

            Mediante este punto hacemos énfasis en que, cuando hablamos del desarrollo de la conciencia de clase del pueblo en su conjunto, en realidad entendemos que este proceso no será homogéneo, y que existe naturalmente una asimetría -y así el legado histórico de luchas por el socialismo y el comunismo en nuestro continente y el mundo lo demuestran- entre los sectores más avanzados de la clase trabajadora y el pueblo y los más retrasados.

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            Juventud Guevarista – Chile

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