A propósito de la coyuntura estudiantil y las mesas de diálogo del gobierno.

Miércoles 30 de julio 2014

El contexto político y las mesas de diálogo del gobierno de la Nueva Mayoría.

Desde el movimiento estudiantil y las fuerzas populares nos encontramos en un momento políticamente tenso. Tenemos ante nuestro quehacer la encrucijada en torno a cómo ir acumulando y desarrollando nuestra fuerza en relación a la política de contención y cooptación que el gobierno de la Nueva Mayoría está intentando imponer, buscando – claro está – frenar la incipiente articulación del Movimiento Popular.

Es importante mencionar, antes que todo, que – a nuestro parecer -,  el objetivo principal para este gobierno de los ricos es restituir los niveles de legitimidad del Régimen Político en Chile, con la intención de recomponer absolutamente la hegemonía capitalista. En ese sentido, ha buscado utilizar las diversas reivindicaciones que se han levantado desde el pueblo en lucha para hacer una serie de arreglos -a modo de reformas, proyectos de ley y/o políticas públicas- sobre algunas de las falencias que ha venido manifestando el modelo de dominación[1].

Por otra parte, desde finales de los años 90 – como clase – hemos sido partícipes de un lento, irregular y dificultoso proceso de rearticulación de las fuerzas populares, dentro de las cuales uno de los frentes que más ha avanzado en cuanto a sus reivindicaciones, formas de organización y lucha, ha sido el movimiento estudiantil, alcanzando su clímax durante el año 2011. Esta expresión de avanzada del movimiento de masas, ha logrado ir poniendo en tensión a los dueños de la riqueza y el bloque en el poder, el cual comienza a incorporar en su agenda, como tarea principal, el solucionar una serie de problemáticas del sistema educativo que provocan conflictividad social.

 

La disputa al interior del movimiento Estudiantil.

Como señalábamos, el movimiento estudiantil ha sido una expresión de avanzada de las fuerzas populares, como causa y consecuencia de lo mismo, ha ido desarrollando y profundizando sus posicionamientos políticos. Las organizaciones políticas -de manera desigual- han ido dando cuerpo y contenido a diversos lineamientos que consideran adecuados para lograr transformaciones, no sólo al sistema educativo, sino a la sociedad capitalista, o por lo menos a algunas deficiencias que éste ha manifestado de modo irregular (participación, centralismo, salud, entre otras).

En este sentido, si bien se puede considerar que el movimiento estudiantil ha madurado, tal diversidad de posicionamientos políticos se ha ido cristalizando en un importante debate sobre cómo avanzar en las reivindicaciones estudiantiles. Por una parte encontramos a los sectores afines al gobierno de turno y por el otro a una serie de organizaciones políticas que por su trayecto podríamos ubicar como de posiciones contrarias por no decir antagónicas hacia los postulados burgueses de la Nueva Mayoría y sus expresiones dentro del mundo estudiantil, de las cuales las más influyentes son JS, JJCC y, como vagón de cola, a Revolución Democrática.

Considerando esta situación, es que en estas últimas semanas la invitación a las mesas de diálogo por parte del actual ministro de Educación, Nicolás Eyzaguirre, pero ideadas e impulsadas por su asesor Miguel Crispi (Revolución Democrática),  han ido profundizado tales posiciones y diferencias.  Se ha polarizado la situación política en el mundo estudiantil, tanto en los secundarios con la relación CONES-ACES como al interior del instrumento máximo de representación universitaria: la CONFECH.

Más que referirnos a los contenidos ideológicos que subyacen a cada postura de las orgánicas políticas que se ubican -y disputan- en este espacio, consideramos que hay situaciones graves de cara a las tareas que hoy podemos definir como históricas del movimiento estudiantil.

En la sesión de CONFECH del 18 de mayo, previendo las instancias –importantes, pero no principales- a las que se nos invitaría como movimiento estudiantil desde el ejecutivo, se instalaron seis ejes que expresan las reinvidaciones históricas del movimiento estudiantil como piso mínimo para cualquier instancia de dialogo y/o negociación, una nula o parcial respuesta de los mismos, implicaría no aceptar diálogo alguno con el Ministerio ni con otra institución del gobierno de la Nueva Mayoría.

Concretamente, si bien desde las organizaciones ligadas al gobierno no esperamos mucho, ni ética ni políticamente, ya que son lacayos de la dictadura burguesa que se ha manifestado como Concertación, como Alianza y hoy como Nueva Mayoría. Si nos cuesta considerar dentro de los cálculos políticos que las organizaciones que son mayoría en la mesa ejecutiva del CONFECH (por un voto) Izquierda Autónoma, Unión Nacional Estudiantil y el Frente de Estudiantes Libertarios, la triada reformista, que se habían mostrado -pese a nuestras diferencias ideológicas-, proclives a llevar adelante la lucha y las reivindicaciones estudiantiles, hayan dado un paso en falso, complaciendo los intereses del bloque en el poder, que significa al mismo tiempo un error para alcanzar las demandas históricas del movimiento estudiantil, y una burla a la lucha desarrollada desde hace años.

El día Lunes 21 de Julio, el sector reformista al interior de la Mesa Ejecutiva de CONFECH, empuja la decisión de ser parte del plan de participación del Gobierno, considerando que en este espacio es posible incurrir en una serie de ganancias, frente a un gobierno “dialogante” que estipuló una serie de garantías como la eliminación del DLF2, histórica demanda estudiantil. Para los vacilantes esto es suficiente para que todo el movimiento estudiantil deposite sus esfuerzos en tal proceso, sin consultarle a nadie, sin discutirlo en ninguna parte y, lo más grave, yendo en contra de lo zanjado en los plenarios del CONFECH, es decir estos sectores han manifestado concretamente una postura anti-democrática, el cual pone en tela de juicio la legitimidad del mismo CONFECH.

Consideramos que este plan de participación no es más que la expresión más evidente del intento de cooptación que ha impulsado la Concertación-PC, en cuanto busca otorgar legitimidad a una reforma educacional que, al final del día, igualmente va a ser pactada con la derecha en el parlamento, tal como se realizó con la Reforma Tributaria. Ninguna posibilidad tienen los estudiantes de hacer pesar las demandas en un espacio donde la mayoría de las organizaciones son pro-gobierno y en donde los expertos harán y desharán con los argumentos de los estudiantes. Sin embargo, la participación y el “compromiso” de los actores dialogantes en ese proceso con la reforma que se emanará en octubre, ya estará sentenciado. ¿Qué dirá la misma opinión pública a la cual apelan los reformistas si es que los estudiantes, a pesar de haber participado en el proceso de reforma, aún están disconformes o en desacuerdo con los resultados? ¿Acaso no hay riesgo en ese escenario de quedar “aislados” y tachados de intransigentes? ¿Es una preocupación para las bases estudiantiles el problema de la intransigencia cuando se trata de una reforma hecha a la medida de la burguesía y sus mezquinos intereses? Probablemente para los reformistas, la reforma termine siendo un “importante avance”, aportando, por lo demás, un granito de arena a la legitimación de este régimen de dominación y explotación, de la mano – o más bien atrás… muy a la cola – de la socialdemocracia en el gobierno.

 

Una alternativa para la lucha

No obstante lo anterior, han existido federaciones de estudiantes afiliadas a la CONFECH, que han demostrado un carácter coherente y consecuente respecto a los acuerdos zanjados en las plenarias de la CONFECH (incluso considerando que las garantías de participación el  plan de la Nueva Mayoría, fueron impulsadas por el sector reformista y socialdemócrata al interior de este espacio). En ese sentido, respaldamos y reafirmamos la postura presentada por las federaciones que hicieron público el desacuerdo respecto a las decisiones impulsadas por el sector mayoritario (moderado) en la Mesa Ejecutiva de CONFECH. Creemos que este hito no representa en absoluto un quiebre o un intento de deslegitimación a la herramienta, siempre en disputa, de CONFECH, por el contrario, consideramos que es un antecedente positivo el que se muestren las diferencias al interior del movimiento estudiantil, mas no que se oculten y se le reste importancia a la política de conciliación que se han impuesto desde, lo que ya podemos denominar, el “bloque de moderación”.

Asimismo, creemos que el problema de sumarnos al Plan de Participación impulsado por la Nueva Mayoría, no es sólo por el no respeto a las garantías, sino que porque a todas luces, no representa un espacio en el cual el movimiento estudiantil, a través de sus principales actores, pueda efectivamente incidir en la reforma, ya que esta – como mencionamos anteriormente – hecho a la medida del gobierno y sus organizaciones satélites. Por el contrario, consideramos que la apuesta de participación que debemos contraponer e impulsar es la constitución de un espacio de confluencia y deliberación directa, es decir, referida a la totalidad del proyecto de reforma del gobierno y no de forma parcelada y gradual, tal como está concebida el actual plan, al que se sumó la semana pasada el “bloque de moderación”, a espaldas del movimiento estudiantil.  

Es necesario que se generen espacios de discusión de bases para los cambios que se harán en el sistema educativo, en ese sentido, no basta que con que los estudiantes estemos solos al momento de dar peleas por nuestra educación, al contrario, es imprescindible articular a más sectores y actores relevantes en torno a la propuesta educacional que se enarbole desde el movimiento popular. En ese sentido, el Congreso Social Por la Educación es el espacio que reúne las mejores características en cuanto a cantidad de actores con independencia a la Nueva Mayoría que mantienen un real trabajo de bases y con quienes, el movimiento estudiantil, a través de la CONFECH y otros espacios de articulación, pueden discutir acerca de la propuesta que levantaremos para enfrentar la insuficiente reforma de la Nueva Mayoría.

El que las organizaciones reformistas puedan impulsar sin problemas sus directrices, tiene que ver con dos elementos principales: a. las dificultades que hemos tenido como organizaciones clasistas y revolucionarias de articular un diagnóstico y marcos de acción comunes, lo que facilita la articulación y el éxito de la política moderada y b. la ausencia de protagonismo de las bases en las discusiones y deliberaciones de la CONFECH. Debemos tener claro que la única y más efectiva forma de que se posicione una alternativa de lucha y confrontación a la Nueva Mayoría es desplegando una línea con esas características desde las bases, desplazando a quienes llevan adelante políticas de conciliación con la Nueva Mayoría, o derechamente impulsan las directrices del gobierno en el movimiento estudiantil.

No obstante, ni el Congreso Social por la Educación, ni ningún espacio por sí mismo va a lograr imponer las directrices emanadas desde el movimiento estudiantil y sus organizaciones de base, en ese sentido, es imperioso desarrollar una política de movilización radical de masas, forma de lucha y herramienta principal con la cual podremos poner contra la espada y la pared al ministro de educación y a la Nueva Mayoría en su conjunto. Por lo tanto, desde la CONFECH principalmente, además de MESUP y organizaciones que articulen y representen a las y los estudiantes secundarios, se debe impulsar una política de ascenso en las movilizaciones estudiantiles, planteando claramente nuestro desacuerdo con los mecanismos y orientaciones políticas, económicas y culturales de las reformas que está desarrollando la Nueva Mayoría, de acuerdo a los intereses mezquinos de la minoría, de la burguesía en Chile.

 

¡A ORGANIZAR LAS BASES Y PREPARAR LA OFENSIVA ESTUDIANTIL!

¡NI UN MINUTO DE PAZ PARA LOS RICOS!

 

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[1] Asimismo, es altamente probable que estas reformas transformen las reivindicaciones del movimiento de masas, acomodándolas y mutilándolas en su esencia para terminar siendo ajustes menores a algunos aspectos de régimen político (como por ejemplo la reforma al sistema electoral binominal, pactado ya con la derecha) y, en otros casos, a algunos aspectos hiper-liberalizados del sistema de dominación, como es el caso del sistema educacional y el sistema de pensiones.

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