25 DE JULIO| MARCHAMOS POR UN ABORTO LIBRE, GRATUITO Y SEGURO

La maternidad, como designio obligado de la vida, sexualidad, felicidad y realización de toda mujer, se ha impuesto en nuestros cuerpos y consciencias a lo largo de siglos. A las mujeres se nos ha despojado de los saberes sobre nuestros ciclos, nuestra anatomía, nuestra salud reproductiva, desplazándonos al lugar pasivo de sujetas que sólo observan la gestación de humanos como un destino ineludible en nuestras vidas, como una etapa que “hay que pasar”.
“Planta un árbol, escribe un libro y ten un hijo”, aparece como una carrera de desafíos vitales, en los cuales, la maternidad se presenta en nuestras vidas, como una etapa prerrequisito en la escala de la anhelada felicidad. De esta manera, ser madres, se constituye como una fuente inagotable de alegrías, quedando nuestra capacidad de decidir sobre ella, convertida en un delirio, un pecado, un acto de profunda deshumanización; y tal cual como las otrora brujas calcinadas durante siglos por producir, reproducir conocimientos, asistir a mujeres embarazadas, y cultivar los saberes médicos sobre nuestros cuerpos; hoy somos perseguidas, criminalizadas y formalizadas, cuando osamos hacer uso del derecho sobre nuestros cuerpos; cuerpos que al final del día no nos pertenecen.
 
Nos preguntamos entonces ¿qué hay detrás de esto? Pues la respuesta que encontramos es un mandato históricamente instituido por fuerza, en nombre de Dios, personificado en la iglesia, en nombre de la Ley, personificada en los Estados, que en su misión de perpetuar un modelo familiar fecundo para la acumulación de riquezas, dispone de nuestros cuerpos, el de las mujeres del mundo, para que si o sí esté asegurada la existencia infinita de manos para sus fábricas, para sus textileras, para de sus call center, para sus mineras, para construir sus carreteras, para la administración de todo lo anterior con la no pequeña finalidad de asegurar su existencia a costa de nuestro trabajo.
 
El patriarcado, el capital y la heteronorma, nos coloca un chaleco de fuerza, enemistándonos incluso con aquellas mujeres que viven con dicha su maternidad, pues nos acusan de totalitarias, ponen en nuestras bocas odio hacia los niños y niñas, nos difaman de pervertidas y asesinas, cuando nuestro único atrevimiento ha sido develar el interés en nuestros cuerpos, develar el lugar que han escogido para nuestra existencia, develar que hemos sido pieza clave para la constitución de una sociedad desigual, que explota y oprime a nuestras hermanas para sus propias ganancias.
 
No es más que por amor a aquellos niños y niñas, sobre cuyos cuerpos descansa la riqueza de unos pocos, no es más que por nuestro delirio de vivir libres del flagelo de ser cuerpos dispuestos a parir sin reflexión, no es más que por amor a nuestras hermanas, mujeres pobres, migrantes, trabajadoras, estudiantes, trabajadoras domésticas, niñas que han sido obligadas a gestar en contra de su voluntad, es que nos revelamos a ese mandato opresor.
 
Hoy, Chile, uno de los cinco países del mundo que prohíbe el aborto en todas sus medidas, se encuentra ad-portas de un proyecto que lo despenaliza en tres causales; inviabilidad del feto, riesgo vital de la madre y violación, todas ellas no exentas de polémicas, debate que ha dejado entrever, el juicio conservador, ignorante y opresor de quienes hoy deciden las leyes que nos rigen.
 
Frente a la coyuntura, volvemos a preguntar ¿y la autonomía de la mujer en cuestión, dónde queda? En ningún lado. Nuestro criterio, nuestro juicio, nuestro ejercicio de decidir sobre nuestros cuerpos, no aparece en ninguna discusión, pues entonces nos tomamos las calles para allí presentarlo: Somos estudiantes, trabajadoras, pobladoras, formando parte de una sociedad que nos educó en la debilidad, y en la sumisión; mas hoy nos levantamos, nos organizamos y queremos decidir, queremos exigir tener pleno poder sobre nuestros cuerpos y vidas.
 
Porque tenemos fuerza, unidad y convicción…
¡ESTE 25 DE JULIO A MARCHAR POR UN ABORTO LIBRE, GRATUITO Y SEGURO!
AbortoLibre